Por: Jairo A. Castrillón

Estamos en la recta final, esa en la que toda competición se torna inquietante y contiene el aliento cuando los seleccionados nacionales aumentan su fe y redoblan esfuerzos sin opción al equívoco. Sin embargo, hay algo que no está bien y duele admitirlo porque molesta atizar aquellas teorías de la conspiración que alimentan la imaginación, pero nunca tienen bases de prueba en cualquier círculo donde broten.

Argentina, Uruguay, Brasil y Colombia son los oncenos que aterrizaron con el rótulo de favoritos y se mantienen en la pista que conduce al trono. Sin embargo, es extraño que cafeteros, charrúas y cariocas tengan que enfrentarse sin lógica ni sentido en una zona donde uno de ellos no pertenece, está sobrando. Alguno de estos combinados, cualquiera sea, debería estarle inquietando el camino al monarca mundial como ha sucedido siempre. Para no ir muy lejos, tomemos lo que aconteció en el tardío campeonato del 2020 que cerró su historia un año después, donde todo quedó en su lugar, contrariando la presente edición que, por alguna inadmisible razón, ha quedado agrupando tres de los favoritos para que solo uno llegue a la final.

Al monarca mundial le pusieron en el camino, como grandes escoyos, a los combinados de Chile y México que no solo despintaron con opacas actuaciones, sino que tampoco estaban para aguarle la fiesta a Scaloni y sus pupilos, apelando ahora a que ecuatorianos, canadienses y venezolanos puedan hacer lo impensado ante la posibilidad de una semifinal a la que pocos le apostábamos.

Hoy Ecuador tiene la responsabilidad de confirmar su indiscutible progreso, aunque si se visten de “payasos” como lo hicieron en su mas reciente salida, no brindan ninguna garantía en esta fase de Cuartos. No se ofendan, pero la manera dramática y desprolija como lograron la clasificación ante los mexicanos no puede despertar mejores comentarios, no lo crean. Claro que esto de los “payasos” ya es una costumbre porque antes el fútbol estaba repleto de simples varones que disputaban con gallardía su lugar en la cancha, pero de a poco esos gladiadores se han acabado para darle paso a “bufones” graduados en actuación, dramatismo y llanto, que no justifica sus elevados salarios.

Tampoco es justo que esta sospechosa omisión de la Conmebol (en el sorteo), facilite el transitar de una Argentina que luce imbatible, sumando completo y sin goles en contra, pero la cual no ha tenido ningún rival que esté a su altura. A esta hora, como sucedió en el 2021, ya debería haber enfrentado a Uruguay y Colombia (por lo menos) para llegar a esa final que campeonó contra los pentacampeones. Esta vez no es así y eso huele maluco obviando que hemos tenido arbitrajes cuestionables en la cancha y mediocres en el VAR, confirmando que el problema no es la herramienta como si lo es quienes la utilizan.

No creo que los argentinos necesiten de estas cosas porque ellos son, y seguirán siendo, inmensos no solo porque se lo creen, sino porque lo han firmado en cada competición donde se plantan más allá de los resultados y títulos.

Si no es Ecuador, y Venezuela supera en su llave a una deslucida Canadá (la peor que he visto en los últimos tres años), entonces no queda otra alternativa que ponernos la Vinotinto en semifinales para respaldar a la otrora “Cenicienta de América”, la cual no solo ha crecido de manera evidente, sino que por fin sueña con ir a un Mundial brindando, hasta el momento, una actuación destacada en las Eliminatorias y quizás el caprichoso destino de a poco la puede poner en una instancia continental donde para tocar la gloria, debe batallar con un gigante histórico que esta vez luce sospechosa e innecesariamente consentido.

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