
Por: Geniale
El estelar Cristiano Ronaldo sigue en Arabia Saudita y no salió corriendo del país tras iniciarse hace unos días el conflicto bélico entre Irán, Israel y Estados Unidos, como algunos medios especularon. Que el portugués se haya marchado o no por temor a los bombardeos es, en realidad, lo de menos. Y si lo hubiera hecho, razones no le faltarían. Lo verdaderamente importante es que la inestabilidad y el temor que genera este conflicto, tanto en materia de seguridad como de economía, terminarán afectando de alguna manera la organización del próximo Mundial.
Seamos claros. Si el precio del petróleo continúa en ascenso —y con él el de la gasolina—, como ya está ocurriendo tras el estallido del conflicto, es lógico pensar que los turistas tendrán que pagar mucho más por viajar. Y cuando se dice mucho más, se habla de todo: transporte, comida, alojamiento y servicios en general. A esto se suma la volatilidad de los mercados financieros, que inevitablemente termina afectando el bolsillo de millones de personas. En otras palabras, asistir al Mundial podría convertirse en una experiencia todavía más costosa de lo que ya es, incluso antes de considerar el escandaloso precio de muchas entradas.
Pero el dinero no es el único factor de preocupación.
En un mundo donde el terrorismo ha demostrado una capacidad constante para aprovechar escenarios de alta visibilidad global, descartar que un evento como el Mundial pueda convertirse en un objetivo potencial sería, sencillamente, irresponsable. La historia ya ha demostrado hasta dónde puede llegar la barbarie, como ocurrió el 11 de septiembre de 2001. Por eso, para países con antecedentes comprobados de apoyo o tolerancia hacia grupos violentos, el torneo representa una vitrina demasiado visible como para ignorar los riesgos.
Esto obliga a las autoridades a triplicar esfuerzos, recursos y coordinación internacional para fortalecer las medidas de seguridad. No importa si para entonces el conflicto armado continúa o si se alcanza algún tipo de tregua: la naturaleza del terrorismo consiste precisamente en aprovechar lo impensado.
Ahora bien, si en Estados Unidos se deberán tomar precauciones extraordinarias para minimizar riesgos, en México el panorama también merece atención especial.
Es conocido por todos que en los últimos meses se han intensificado las acciones del gobierno contra organizaciones del narcotráfico, generando una confrontación más abierta con estructuras criminales, reafirmando por que la inseguridad siempre ha sido durante años una preocupación constante para la población y una advertencia recurrente para los visitantes extranjeros. Los turistas que lleguen al país deberán seguir con especial atención las recomendaciones del comité organizador y de las autoridades de seguridad para evitar sorpresas.
Esto no es fútbol, ciertamente. Pero negar la realidad que enfrentan dos de los tres países anfitriones sería irresponsable, incluso cuando los gobiernos ofrezcan garantías que a veces resultan insuficientes para enfrentar los complejos desafíos.
En medio de este panorama, hay al menos una señal positiva.
Erik Hansen, vicepresidente de la U.S. Travel Association, explicó a la revista Soccer America que los tiempos para solicitar visas y viajar a Estados Unidos con motivo del Mundial se están reduciendo en varios países.
El cambio se produce después de que miembros del comité organizador expresaran su preocupación por los largos tiempos de espera para obtener una cita consular. En algunos casos —Colombia fue uno de los ejemplos citados— el proceso podía extenderse hasta 500 días o más.
Según Hansen, con el lanzamiento del “Pase FIFA”, un sistema de programación prioritaria de citas, los aficionados que ya poseen entradas para el Mundial están accediendo a tiempos de espera más cortos y a un proceso más ágil para tramitar sus visas.
Eso sí, el sistema exige que los solicitantes registren en la plataforma el número de los boletos adquiridos junto con su información personal para que la solicitud tenga validez.
Hansen también señaló que se están realizando esfuerzos adicionales para aumentar el número de agentes de inmigración en los puertos de entrada, con el objetivo de agilizar el ingreso de los turistas. Actualmente, los visitantes suelen esperar más de dos horas antes de poder ingresar al país.
La organización del Mundial avanza, pero lo hace en un contexto global cada vez más complejo. Entre tensiones geopolíticas, presiones económicas y desafíos de seguridad, el torneo más importante del fútbol mundial se prepara para disputarse en un escenario donde, inevitablemente, la política, la economía y la seguridad también jugarán su propio partido.

Deja un comentario