Por: Jairo A. Castrillon (Geniale)

Ya empezó el conteo regresivo para que la Copa del Mundo 2026 tenga el puntapié inicial el 11 de junio en el estadio Azteca con México recibiendo a Sudáfrica. Como siempre agradezco su compañía desde ya y haré lo mejor para escribir más de una vez por semana porque el tiempo se acorta y la prueba lo amerita, procurando que cada vez valga la pena.

Desglosando una estadística que obliga a analizar sin rubor lo que puede ser este Mundial de 48 participantes, antes de presentar argumentos y conclusiones sobre los favoritos y otras cosas, quisiera empezar por analizar a la selección de Colombia para evitar que una vez más se inflen los globos y el folclorismo nos lleve a “ensillar” el caballo sin haber comprado ni lo uno, ni lo otro y mucho menos saber cómo montarlo.

A pesar de que muchos todavía siguen viviendo con el recuerdo del gol de Freddy Rincón a Alemania en 1990 o el 5-0 a Argentina en el proceso clasificatorio rumbo a USA 94, la estadística cafetera confirma que lo mejor que se ha hecho fue Brasil 2014, sin riesgo de comparación.

En la era de Carlos Valderrama, Rincón, Higuita, Maturana y compañía, los cafeteros solo ganaron tres de los diez partidos disputados entre 1990 y 1998, mientras que en Brasil 2014 sumaron cuatro victorias en cinco presentaciones, así muchos todavía jerarquicen las tres primeras presentaciones por encima de esta última.

El torneo carioca resultó inmenso por un descollante James Rodríguez con apenas 22 años, pero además porque Juan Guillermo Cuadrado aportó silenciosamente una estadística poco valorada hasta entonces: terminó como el máximo asistidor de toda la Copa del Mundo. Todo eso ocurrió sin Radamel Falcao García, quien todavía era uno de los delanteros más codiciados del planeta y el gran referente goleador de la selección, apeado de la prueba por una lesión.

Fue un equipo bien estructurado, con un sistema claro, roles definidos y una identidad futbolística reconocible. Ganó por primera vez cuatro partidos consecutivos en un Mundial y tuvo además al botín de oro del torneo quien marcó en cada encuentro disputado. No por casualidad Colombia alcanzó el punto más alto de su historia como la octava selección del planeta en el ranking FIFA, luego de terminar segunda en una Eliminatoria sudamericana extremadamente compleja y no en el remedo en el que se convirtió después de Qatar 2022.

Este año, si todo sale bien, Luis Díaz es la gran carta de presentación y se espera que encaje dentro de un equipo que trabaje para potenciarlo, pero que no dependa exclusivamente de su presencia. El guajiro logró en la fase de clasificación tres datos no menores: le marcó un gol a Brasil de visitante por primera vez en 55 años y 7 meses; rompió una racha de 27 años sin marcarle a Argentina de visitante en eliminatorias — el último había sido el Pibe Valderrama en la Bombonera en 1997, en un empate 1-1 rumbo a Francia 98 —; y le anotó a Uruguay a los 40 segundos, el gol más rápido de Colombia en toda su historia eliminatoria.

En 2014 se llegó a cuartos de final y Brasil terminó despachando a Colombia 2-1 antes de ser humillado históricamente 7-1 por esa Alemania campeona, dejando a los cafeteros con un inolvidable quinto lugar. Si bien en Rusia 2018 se enfrentó a Inglaterra y hubo argumentos futbolísticos suficientes para derrotarla en los 90 minutos —igual que ocurrió frente a Alemania en Italia 90— la selección terminó despidiéndose en la lotería de los penales, aunque defendiendo esa sensación de grandeza competitiva que todavía mantiene a Brasil 2014 como la meta a superar.

Con todo lo anterior, se reafirma lo del 2014 porque en Italia 90 Colombia fue decimocuarta; en USA 94 —cuando muchos ya se sentían campeones por el 5-0— terminó en la casilla 23 entre 24 selecciones (fue la primera que armó maletas). En Francia 98 hubo una ligera “mejoría” después de la debacle 94 quedando afianzados en el puesto 21 y en Rusia 2018 se alcanzó la novena posición, que es precisamente a donde muchos apuntan en esta nueva aventura.

En el Mundial que se avecina los favoritos siguen siendo los favoritos y, dentro de esa tabla, Colombia apenas tiene un 2% de probabilidades de levantar la Copa del Mundo según Opta lo cual es muy, pero muy bueno, para que caminemos con pies de plomo.

Es así como este resumen obliga a recordar que Colombia llegó a octavos de final en Italia 1990 —el hecho que el hincha repite permanentemente— olvidando que avanzó como uno de los mejores terceros gracias al gol de Freddy Rincón y terminó ubicada en la posición 14 entre 24 participantes. El recuerdo colectivo convirtió aquel episodio en algo mucho más grande de lo que realmente fue.

La previa al Mundial de Estados Unidos 1994 convirtió a Colombia en el caso más extremo entre narrativa y realidad. Pelé la señaló como futura campeona del mundo y parte de la prensa nacional llegó a catalogarla como “el mejor equipo del planeta”. El 5-0 a Argentina generó una burbuja de ilusión sin precedentes, pero después apareció Gheorghe Hagi colgando a Óscar Córdoba; luego llegó el autogol de Andrés Escobar frente a Estados Unidos y los cafeteros terminaron convertidos en una de las grandes decepciones de la Copa, porque el 5-0 de Buenos Aires fue real, histórico y espectacular, pero ocurrió en las Eliminatorias, no en el Mundial. Y esas eran dos cosas completamente distintas.

Quizá por eso este nuevo reto deba asumirse con prudencia y humildad, porque la historia parece obligarnos a hacerlo, aunque por allí está el necio y terco que tanto abunda.

No podemos caer otra vez en trampas psicológicas baratas porque las consecuencias históricamente han sido reales. Cuando Colombia construyó una identidad colectiva basada en momentos emocionales ocurridos antes o durante la fase de grupos, terminó llegando al Mundial con una autopercepción que no correspondía a sus resultados reales.

En 1994 esa diferencia entre ilusión y realidad fue tan extrema que terminó siendo catastrófica.

El único Mundial donde Colombia llegó con una expectativa calibrada fue Brasil 2014 y curiosamente fue también el único donde el resultado terminó superando la expectativa.

Ahora, en 2026, la selección llega sin un 5-0 circunstancial, sin el favoritismo de nadie y sin un gol heroico de último minuto que alimente un mito colectivo.

La Colombia de Néstor Lorenzo —muy cuestionado durante largos pasajes de la Eliminatoria— aterriza con Luis Díaz en el mejor momento de su carrera, con James Rodríguez viviendo su último gran rodeo y trabajando en silencio porque quiere despedirse como un grande, acompañado además de un colectivo sólido, con jugadores maduros, curtidos de experiencia y roce internacional, pero con una expectativa moderada.

Si la historia de Colombia enseña algo, es que cuando la ilusión no supera a la realidad antes de empezar, el equipo juega mejor. El problema de Colombia nunca fue el talento, fue siempre el peso de lo que ya había pasado.

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