
Se cerró la fase de grupos y se cerró bien, creciendo y firmando resultados con altura, aunque este último quedó nublado por un gol que fue pero no fue, porque la tecnologia así lo decidió. Es casi como admitir que el error fue de Davinson Sánchez por no habarse cortado las uñas antes del partido, para que le sancionaran un fuera de juego tan patético como estúpido. Si es la ley, pero a mí que ningún genio de la FIFA o la International Board me venga a convencer que con media pulgada del botín (literal), se puede sacar ventaja de una posición y, de paso, que manden al asistente al laboratorio para que le revisen la visión porque esa fraccion del zapato solo la ve él, una percepción inexplicable, de esas que generan comentarios tendenciosos cuando se dice que en estas pruebas hay oncenos «protegidos», cosa que siempre me he negado a creer. Pero bueno, eso quedará en el anecdotario y nada más.
Colombia no solo jugó bien sino con autoridad contra un rival serio que, como Portugal, nada se asemeja a RD Congo o Uzbekistán; de hecho, sigue con el rótulo de posible finalista así no haya sido el líder de la zona. Así que estos tres puntos siguen aumentando la esperanza de la afición con un grupo que es funcional y rinde sin aflojar el paso, porque de eso se trata esta dura prueba, de ir dejando en cada salida la última gota de sudor. En esta ocasión, para confirmar que se puede, vimos a un James mejorado, su mejor versión hasta el momento. No fue descollante, pero no desentonó, estuvo a la altura y se robó los aplausos de una afición que, desde ya, está coronada como la mejor del Mundial. Una afición con tanto orgullo, que ahora todas las demás delegaciones quieren ganarle entonando el himno patrio y no, no lo van a lograr. Ese apartado es hoy resaltado en todos los medios del mundo porque la afición del café más suave del mundo se está jugando su partido en la tribuna. Allí donde ese manchón amarillo hace sentir a su selección como si fuera local.
Ronaldo, del otro lado, quiere seguir encarando y corriendo, pero Portugal no juega para él y terminó pesando poco más de dos gramos. Se le marcó en zona, referenciándolo, pero con una línea posterior ocupada en algo más que seguir al 7. La dupla Lucumí y Davinson ha mostrado una seriedad y capacidad no antes vista para tranquilidad de todos. Han estado certeros, precisos y técnicos en los duelos, cerrando con ahínco, pero sin mala intención. Hasta el momento, lo mejor. Claro que Camilo, el gran arquero, ha tenido intervenciones magistrales, pero eso no les quita el crédito a los centrales. En todo partido siempre habrá acciones de riesgo y la razón es simple: el rival juega a hacernos daño, y aún más hoy, donde las distancias se acortan y no se gana por el color de la playera o la posición en el ranking mundial.
Los números terminan de avalar lo que se dejó en la cancha. Colombia dominó la posesión con un 54,5% y fue netamente superior en el control del útil porque atacó, buscó hacer daño con él, no fue cuestión de tenerlo y nada más. Lo más elocuente se aprecia en los remates: 24 de los colombianos, que obligaron constantemente a intervenir a Diogo Costa, contra apenas 13 de los lusos. Fueron 6 remates directos al arco frente a 2 de los portugueses. Solo en los duelos individuales los europeos se impusieron (45 a 31), un dato que confirma que el problema portugués no fue de entrega, sino de funcionamiento colectivo.
Para no entrar en la línea del triunfalismo, que, por lo general ocupa a un gran sector de la prensa, hago un paneo por distintos lugares del mundo y me encuentro con que los portugueses amanecieron desconsolados, no admitiendo que Colombia fue superior, sino que su equipo fue «demasiado malo», y dándole solo 4 puntos a su máximo referente. Tal vez Roberto Martínez, sin ser directo, admitió que necesitaban un sacudón de esta categoría y definió el encuentro como «una prueba muy valiosa», queriendo decir, tal vez, que Colombia les quitó el libreto.
Otros canales aplaudieron la propuesta colombiana, criticaron el andamiaje de los lusos, y vieron a Diogo Costa como la gran figura del partido. Y hubo uno, en especial, que no se ahorró nada para el equipo de Néstor Lorenzo, admitiendo que «si ese es el nivel real de Colombia, va a asustar a todo el mundo en lo que viene». Esta línea fue de La Gazzetta dello Sport, y la consigno porque apoya esa óptica de una Colombia que firmó este duelo con autoridad, preocupando destacarlo, de antemano, por ese folclorismo que acompaña a una afición que pasa del delirio a la depresión en fracciones de segundo, y luego toma estas apreciaciones como una sentencia definitiva.
Ahora toca viajar a Kansas City, así lo marcó el destino, para empezar los duelos directos ante Ghana, otro africano más en la lista, al cual esperamos poder superar, sin obviar que cerrando contra Croacia tuvieron picos altos de rendimiento donde se ahogaron en la inocencia o incapacidad. Por eso no encontraron como ganar, pero inquietan e inquietan de verdad, lo suficiente para no menospreciarlo así haya llegado a nosotros como tercero en su zona.
La lectura del partido, al final, no es solo mía, que de pasiones en este deporte no entiendo, sino que se apoya en una óptica mundial, porque la prueba fue real, el rival también, y el equipo respondió. Arrancó apagado y sin brillo, y poco a poco su luz empieza a mostrar destellos importantes para un buen Mundial.
Hoy la ilusión de la afición es más grande que cuando ganaron 3-1 a Uzbekistán y les dolía reconocer que en la cancha dejaron dudas. Sin embargo, habiendo cumplido la primera fase con oficio, la invitación es a seguir soñando con la prudencia que reclama la prueba, y no con el folclorismo y la sobradez que nos distingue cada vez que conseguimos algo que colma nuestra esperanza. Sigue Ghana, y ese partido todavía no se ha ganado, así muchos lo hagan, como siempre, sobre el papel o en los comentarios de esquina.


Deja un comentario