
Dos fechas bastaron para alterar el panorama de la MLS. Orlando y LAFC ilusionan, Filadelfia desconcierta y varios candidatos siguen sin reaccionar. El segundo semestre apenas comienza, pero ya dejó abiertas muchas preguntas.

Arrancó el segundo semestre y, al parecer, la fisonomía del torneo tiende a cambiar. Después de casi dos meses de para, se han jugado las primeras dos fechas y es prematuro sacar conclusiones cuando todavía queda mucho camino por recorrer. Sin embargo, pese a todo, sí puedo señalar algunas cosas que toman por sorpresa y que, de allí en adelante, podrían convertirse en tendencia.
Hubo clubes que, al parecer, se tomaron estas semanas para afinar la artillería, recomponer el bloque defensivo o simplemente intentar hacer retoques sin contar con la herramienta que mejore la estructura.
Orlando City, por ejemplo, arrancó dando dos zarpazos violentos a la incredulidad. Cerró antes de la para siendo de lo más flojo de la división, alejado de esa costumbre de pelear arriba cuando caminaba por los predios del rival y de hacerse fuerte abajo cuando lo iban a visitar. Esta vez le hacían daño con demasiada facilidad.
Pero el titular no lo hace Griezmann, no. El titular es que le mordió la oreja a Bruce Arena y sus «Terremotos», con cuatro goles y una superioridad manifiesta. De paso, el francés arrancó su aventura con el primero en su cuenta personal. Luego, en casa, le ganó al superlíder y también lo dejó sembrado en la cancha, metido en su propia mitad y dudando si salir o meter todos sus componentes en el primer tercio. Lucieron feo, muy feo.
Uno no sabe si el equipo morado está para sacudirse y mantenerse, pero por lo menos elevó la óptica de quienes lo miraban con escepticismo total. Como si no tuvieran tiempo para más.
Otro que también partió con ganas de comerse a cualquier rival fue LAFC. Recobraron la memoria de cómo presionar, reducir los espacios y asumir una disciplina radical que los lleve al puerto más alto, porque ahora transmiten la seguridad de un conjunto con propósito, de candidato a la división. Cuando esa disciplina desaparece, también desaparece el equipo.
Chicago está en franca mejoría, lo hemos visto desde que llegó Berhalter, pero da tumbos. Tiene ahora a Robert Lewandowski, pero no será suficiente. Si el Fire aprende a jugar alrededor del polaco, arriba no hay pierde. Lo que no sabemos es qué pueda hacer para equilibrar una zona media que suele fracturar al conjunto.
Filadelfia desafía una lógica que no existe. Si alguien le apostó a que seguiría en racha perdedora en esta nueva partida, se equivocó. No porque la apuesta fuera ingenua, sino porque lo que parecía evidente chocó con dos victorias impensadas por el contexto de esta versión 2026.
Rematando el 2025 se ganó el Supporters’ Shield sin pena y hasta nos hizo creer que estábamos frente al nuevo gran modelo de la MLS. Pero en la presente edición se desplomó tan feo, que nadie sabe explicar si esto es un problema de estructura, un problema de recambio y formación o un cisma administrativo. Es una figura amorfa, difícil de definir, pero ganó dos en serie. No significa que la crisis se haya terminado, pero tal vez apunte todo a que puedan recobrar la estabilidad que los ha caracterizado.
Los equipos canadienses sufren de una anemia severa. No pasa nada con ellos. Parece que en el fondo de la pecera se sintieran cómodos. La excepción sigue llamándose Vancouver, que sí ambiciona dominar una división que lidera por el momento, pero ya hay conjuntos que llegaron allí, al primer puesto donde estaban solitos, y ahora solo la diferencia de goles los apuntala. Veremos si es que pueden con el empuje de los perseguidores.
Toronto sigue atrapado en una preocupante irregularidad y Montreal continúa buscando respuestas que todavía no aparecen. El Mundial les regaló tiempo para corregir el rumbo, pero no se sabe si encontraron la brújula o van a seguir pellizcando postes.
Por los lados de New York, los dos equipos, incluyendo el que juega en New Jersey, aunque insiste en decir que representa a la ciudad que queda al otro lado del Hudson, donde el City juega en cancha de béisbol, todavía no transmiten una sensación que aporte garantías de que un título se está gestando. Compiten, sí, y tienen talento, pero la continuidad es una palabra que no se sostiene en el gramado.
Hay momentos en los que una mala temporada deja de explicarse por una racha negativa. Atlanta United y Sporting Kansas City parecen haber llegado a ese punto.
La pausa mundialista ofrecía la oportunidad perfecta para recomponer el rumbo, pero nada indica, por ahora, que hayan conseguido hacerlo.
Inter Miami, por su parte, sigue acumulando historias dentro y fuera de la cancha. La llegada de Casemiro, la investigación que rodea su fichaje, la ausencia de Messi en el Juego de las Estrellas para administrar cargas, pese a que la afición de nuevo lo pidió, y la situación física de Berterame mantienen al club permanentemente bajo los reflectores. Afortunadamente, el delantero, mexicano para unos y argentino para otros, se está recuperando. Esa es la noticia. Lo otro son historias en desarrollo.
La temporada volvió a empezar. Quizá la clasificación todavía no lo refleje. Pero el campeonato sí.
Las primeras jornadas después del Mundial muestran equipos que evolucionaron, otros que permanecieron inmóviles y alguno, como Filadelfia, que decidió desafiar cualquier pronóstico.
Todavía es demasiado pronto para hablar de favoritos. Porque los puntos hablan del pasado. Las tendencias empiezan a hablar del futuro.


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