Mientras New York Red Bulls consolida un proyecto basado en la formación de jóvenes, Orlando City sigue mostrando talento ofensivo, pero deja demasiadas preguntas en defensa

Por: Jairo A. Castrillón

Hace apenas un par de temporadas todavía vestía de corto y competía dentro del campo. Hoy, en su primera campaña como entrenador al frente del primer equipo, Michael Bradley sigue dejando claro, partido tras partido, que tiene una idea muy definida de lo que quiere construir.

Su equipo sabe cuándo asumir la posesión y cuándo renunciar a ella para competir mejor. No es un fútbol rígido; es un equipo que interpreta el partido y toma decisiones de acuerdo con el rival y las circunstancias.

Pero, sinceramente, eso no es lo que más llama la atención. Lo que realmente impresiona es la valentía para apostar por los jóvenes… y que esos muchachos respondan con semejante personalidad.

El sábado, en el triunfo 3-2 sobre Orlando City en Harrison, New York Red Bulls volvió a presentar una alineación cargada de juventud. No es una casualidad. Ya lo había advertido en febrero, durante el debut de Bradley, cuando el club se convirtió en el primer equipo en la historia de la MLS en iniciar un partido con tres futbolistas de 17 años o menos. Aquello fue un golpe sobre la mesa. Hoy es algo mucho más valioso: continuidad.

La gran postal de la noche la firmó un juvenil. Mijahir Jiménez, delantero panameño de apenas 19 años, disputó su primer partido como titular en la MLS y respondió con un doblete para encaminar la victoria. Llegó inicialmente a préstamo al New York Red Bulls II y venía de proclamarse campeón de la MLS NEXT Pro. Ese tipo de irrupciones no aparecen por generación espontánea; son la consecuencia de un proceso sostenido, de una metodología clara y de una apuesta decidida por la formación.

A su lado apareció Julian Hall, de apenas 18 años y, para muchos, algo más que una promesa. Producto puro de la cantera del club —fue el debutante más joven en la historia de los Red Bulls y uno de los goleadores más precoces de la MLS—, hoy es el máximo artillero del equipo con nueve goles en la temporada. Cuando le han dado minutos, jamás ha desentonado. Condiciones le sobran.

En defensa se mantuvo Matthew Dos Santos, lateral izquierdo de 17 años y otro fruto de la academia. Es uno de los proyectos defensivos más importantes de la organización y ya juega con una madurez poco común para su edad. A su lado, en el eje de la zaga, aparecieron dos centrales jóvenes: el colombiano Julián Bazán, de 20 años, llegado del Deportivo Pereira tras disputar el Mundial Sub-20, y el estadounidense Justin Che, de 22, quien ya conoce el fútbol europeo después de su paso por el Bayern Múnich y por el campeonato danés, una experiencia poco habitual para un jugador de su edad.

El mediocampo tuvo otro nombre para seguir de cerca: Ronald Donkor. El ghanés, de 20 años, llegó procedente de la prestigiosa academia Right to Dream, una auténtica fábrica de talento africano. Es de esos futbolistas silenciosos que sostienen el funcionamiento colectivo y ya suma un gol y cinco asistencias en la temporada. Por las bandas, la energía de Cade Cowell terminó de darle al ataque un perfil todavía más vertiginoso.

Lo más elocuente es el contexto. Bradley afrontó el compromiso sin dos de sus jóvenes más determinantes —el mexicano Jorge Ruvalcaba, de 22 años y autor de siete goles esta temporada, y el canterano Adri Mehmeti, de apenas 16, ambos suspendidos—, además del colombiano Rafael Mosquera, lesionado. Y, aun así, no dio un paso atrás ni recurrió a la experiencia por reflejo. Simplemente confió en la siguiente camada. Tenía futbolistas consolidados esperando en el banco y decidió seguir empujando hacia adelante con la generación que el club viene formando desde hace varios años.

Hay equipos que recurren a los jóvenes cuando las lesiones los obligan. Hay entrenadores que los utilizan porque no tienen otra alternativa. Michael Bradley hizo exactamente lo contrario. Eso no es improvisación. Eso es un proyecto.

Y por eso vale la pena reconocer la apuesta, sobre todo porque, como suele ocurrir en estos casos, desde Europa ya siguen de cerca a varios de estos chicos para determinar si están listos para dar el gran salto.

Si Bradley tiene la paciencia suficiente para sostener este proceso, me atrevo a decir que dentro de dos o tres años New York Red Bulls tendrá uno de los equipos más fuertes de la Major League Soccer, siempre que consiga mantener el crecimiento de esta generación dentro de la institución.

¿Y Orlando?

Del otro lado estaba Orlando City, al que también quise seguir muy de cerca. Quería comprobar si su buen momento reciente era simplemente producto del envión anímico tras el parón por el Mundial o si, realmente, Martín Perelman había aprovechado este tiempo para corregir errores y construir un equipo más equilibrado.

Y debo decir que, de la mitad de la cancha hacia adelante, Orlando deja una muy buena impresión. Es un equipo con variantes, con riqueza técnica y con una capacidad ofensiva muy interesante. La presencia de Antoine Griezmann junto al joven Justin Ellis le ha dado otra dinámica al ataque. Iván Angulo, por su parte, está desempeñando una función mucho más interior de la que habitualmente ocupa y, aunque no sé si sea la posición ideal para sus características, cumple con disciplina.

Quien realmente me sorprendió fue Justin Ellis. Es un futbolista de 22 años, formado en la cantera del club, que transmite una personalidad enorme. Aunque aparece como delantero, interpreta muy bien el juego entre líneas. Se asocia, distribuye, tiene visión, buena técnica, una pegada limpia y una gran capacidad para romper desde atrás con velocidad. Es, sin duda, uno de esos jugadores a los que vale la pena seguir muy de cerca.

Pero si arriba Orlando ilusiona…atrás sigue preocupando. La pareja de centrales conformada por Robin Jansson y David Brekalo cumple. Nunca he sido un gran admirador de Jansson desde el punto de vista técnico, aunque hay que reconocerle liderazgo y capacidad para ordenar al equipo.

El verdadero problema aparece por el costado izquierdo. El español Adrián Marín volvió a dejar demasiados espacios y los rivales ya empiezan a detectar que por ese sector Orlando concede ventajas de manera reiterada. Varias de las acciones más peligrosas de New York Red Bulls nacieron precisamente por allí.

Tampoco descartaría revisar el costado derecho. Griffin Dorsey trabaja muchísimo y aporta tanto en ataque como en defensa, pero ese mismo desgaste hace que, cuando el equipo pierde el balón, tarde demasiado en recuperar la posición.

En conclusión, fue un partido muy entretenido. Los cinco goles fueron apenas una parte del espectáculo. Hubo intensidad, ocasiones de gol, buenas intervenciones de los arqueros y, sobre todo, dos propuestas futbolísticas completamente diferentes.

New York Red Bulls apuesta por una renovación profunda. Quizá todavía sea pronto para pensar en un campeonato, pero el propósito está claramente definido.

Orlando City, por su parte, tiene argumentos suficientes para competir con cualquiera de la mitad de la cancha hacia adelante. Sin embargo, mientras no corrija las debilidades de su línea defensiva, especialmente por el costado izquierdo, seguirá dejando escapar puntos en partidos que perfectamente podría ganar.

Esa, para mí, fue la gran enseñanza que dejó este compromiso. Un equipo ganó tres puntos. El otro dejó buenas sensaciones.

Pero el verdadero vencedor de la noche fue un proyecto deportivo que entendió que la cantera no es un recurso de emergencia, sino la mejor inversión para construir el futuro.

Posdata. Gracias a los compañeros de Apple TV, Sergio Ruiz y Walter Roque, por mantener una narración de altísimo nivel, a la altura de un partido que merecía ser contado con la misma calidad con la que fue jugado.

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