
Por: Jairo A. Castrillón
Los cuatro goles contra Perú no pueden ser la noticia ni un momento oportuno para armar algarabía. Todo lo contrario. Es el momento ideal para abrir una reflexión seria de cara al futuro, cuando es evidente que se inicia un nuevo proyecto cuyo puerto de llegada es el Mundial 2030.
Vamos por partes. Del partido se debe destacar una base sólida con experiencia. Jugadores que han madurado a lo largo de su recorrido en Europa, en ligas de alto rendimiento y, lo mejor de todo, con una juventud que invita a pensar en ellos como piezas clave en 2030. A ellos, a los veteranos, se sumaron 11 debutantes, de los cuales ocho eran adolescentes; eso sí, es motivo para celebrar.
Tres de los debutantes arrancaron en el once inicial y no despintaron. Payton Miller se movió con personalidad por la banda izquierda con tan solo 18 años. Cavan Sullivan, a sus 16, fue y peleó, chocó, aguantó y exhibió su carácter pese a su corta edad. Hay que moldearlo para que su ego no aumente, pero condiciones le sobran. Y el otro, jugando arriba, marcó su primer gol con la selección y lloró celebrando frente a su afición de Orlando. Justin Ellis, un espigado delantero polifuncional, también aceptó la carga y respondió con criterio.
Después de irse a los camerinos igualando a uno, tras el empate de Lapadula de golpe de cabeza, situación que hay que revisar porque a Estados Unidos le cuesta el juego aéreo.
Para la complementaria siguió el desfile de jovencitos. Saltaron al gramado Julián Hall por Justin Ellis, Zavier Gozo por Cavan Sullivan, Sebastián Berhalter por Yunus Musah y Antonee Robinson por Peyton Miller.
Más adelante ingresaron Frankie Westfield por Alex Freeman y Brooklyn Raines por Malik Tillman. Sobre el final aparecieron Neil Pierre por George Campbell y Adri Mehmeti por Tyler Adams.
Hubo un penal que quebró el partido a favor de los americanos, el cual dejó serias dudas. Para unos quizás lo fue, para otros de ninguna manera, pero de eso se trata este deporte, aunque con la ayuda del VAR esas cosas no deberían pasar, pero pasan.
Ahora bien, no se puede simplificar un resultado sosteniendo que por esa situación Perú se partió y resignó su trabajo; sería muy sencillo. Un equipo que representa a un país no puede bajar los brazos o dejarse golpear anímicamente por una situación puntual; eso sería terrible. Aquí lo que hay que mirar son las cifras y cómo las mismas revelan de manera contundente lo sucedido en la cancha, con un equipo norteamericano dominante, presionando con orden, de buen despliegue físico, entregando el útil con propiedad y dándole el destino adecuado en predios rivales.
Estados Unidos intentó 637 pases y completó 597; Perú intentó 277 y completó 228. De esos 637, más del 50% fueron en territorio peruano, mientras que el oponente solo cristalizó 99 en la mitad de los americanos. Eso habla de ambición y decisión para buscar un partido. Cuando se desmenuzan los guarismos, el 4×1 cobra validez.
Por eso la posesión norteamericana no fue simplemente tocar la pelota de un lado para otro esperando que transcurrieran los minutos. Hubo intención permanente de llevar el juego hacia adelante. Entonces podemos discutir el penal. Podemos observarlo veinte veces y continuar teniendo opiniones diferentes. Lo que resulta muchísimo más difícil discutir es quién dominó el partido.
Pero existe un dato aún mayor: los cuatro goles estadounidenses tuvieron participación directa de futbolistas que estaban debutando con la selección absoluta: Ellis marcó el primero; Mathis Albert provocó el penal que terminó convirtiéndose en el segundo; Julián Hall anotó el tercero y volvió a aparecer para entregar la asistencia del cuarto, convertido por Sebastián Berhalter (el mejor gol del partido).
Aquí, más que cuatro goles, cobra relevancia la capacidad de los jóvenes para asumir responsabilidades y mostrar carácter; de eso se trata renovar una plantilla. De apostarles a quienes se perfilan y medir sus capacidades.
Es cierto que falta mucho para el 2030 y muchas cosas pueden pasar. Algunos bajarán su rendimiento, pueden llegar las lesiones, habrá otros que ni siquiera vislumbramos, pero la voluntad de que todos se muestren habla bien de un proyecto que no está viciado, como sucede en otros países que siguen apegados a los mismos y no les dan salidas a los jóvenes porque los cuerpos técnicos atienden otro tipo de intereses particulares.

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