
Ocho goles en dos partidos entusiasman, pero las victorias sobre Perú y Chile no despejan las dudas defensivas de Estados Unidos. La reacción y los retoques de Pochettino ofrecen señales alentadoras en un proceso rumbo a 2030 que exige mirar más allá del marcador.
Por: Jairo A. Castrillón
Estados Unidos le ganó a Chile 4×2 en la segunda salida de un proceso que apunta al Mundial de 2030. Pese a que muchos celebran el resultado, el mismo, analizado correctamente, sirve para confirmar algunas cosas y negar otras. No se puede hacer ruido con partidos que no ganan nada, por favor.
La evaluación empieza por el grupo que ha saltado al terreno en cada juego, sin ocultar que una media de cuatro goles por partido habla bien del poder ofensivo de la escuadra. Pese a que solo ha recibido tres goles en contra, no se puede negar que la suerte (y los palos) ha ayudado a que este número no sea peor. Eso también es material de análisis.
Pochettino comenzó con Chris Brady en el arco; Francis Westfield, Neil Pierre, Miles Robinson y Antonee Robinson en defensa; en el mediocampo, Brooklyn Raines por delante de la línea de cuatro, Sebastián Berhalter y Gio Reyna en la construcción, y Adri Mehmeti y Sergiño Dest como extremos por derecha e izquierda, respectivamente; Julián Hall fue la referencia ofensiva.
Empecemos por la portería, donde Chris Brady despintó al por mayor. Tuvo un par de salvadas de buena factura, pero casi todo el tiempo creó zozobra, no aportó seguridad y, por arriba, fue un caos. No creo que vuelva a ser considerado. Tuvo su opción y le ganaron los nervios.
El sector posterior no fue sólido y ofreció ventajas, especialmente cuando Chile quiso contraatacar. Pierre, central por derecha, quiso mostrarse tranquilo, pero fue errático en la entrega del balón. De los dos Robinson, el mejor fue Antonee. Westfield, por el lateral derecho, brindó muchas ventajas cuando lo atacaron: fue impreciso en marca y por momentos estuvo mal ubicado.
En el mediocampo, Sebastián Berhalter confirmó su presencia con un gol y mantuvo su rendimiento, asegurando, de paso, su lugar en el once inicial frente a México. A su socio, Brooklyn Raines, en cambio, le pesó el debut. Corrió como un loco, pero no fue el recuperador preciso que se necesita; mostró ganas e ímpetu, pero hay que dosificarlo y aclararle su trabajo para que no se desgaste innecesariamente.
Sergino Dest es un jugador con cancha, trillado en este tipo de lides; todo pasa por su condición física, porque su trabajo es impecable, con oficio. El otro extremo, Adri Mehmeti, tampoco tuvo el brillo que se esperaba: fue muy impreciso en su labor. Gio Reyna volvió a ser el enlace, el hombre que crea y distribuye, y sigue siendo importante cuando el físico le alcanza. Uno de los mejores en la cancha.
En ataque, Julián Hall marcó su segundo gol con la selección y el empate transitorio cuando perdían 2-1 frente a los chilenos. Además, en la jugada del primer gol, cuando Dest le pasó el esférico, el jovencito lo dejó pasar entre las piernas para que Berhalter cristalizara. La acción no solo rompió las marcas del rival, sino que mostró la claridad del jugador para posicionarse en el área, visualizar a sus compañeros y tomar decisiones inteligentes.
Chile dejó cosas agradables y, en ese primer período, encontró cómo incomodar a Estados Unidos. El uno por uno con el que se fueron a los camerinos no contó todo lo sucedido: los chilenos bien pudieron marcharse con ventaja, de no ser por sendos remates que se estrellaron en el vertical y en el horizontal de la portería de Brady.
Para la complementaria, Pochettino puso a Brian Schwake en el arco y movió el banco para darle otra cara al conjunto. Alex Freeman ingresó por Westfield dándole mayor solidez al sector posterior; Tyler Adams reemplazó a Mehmeti y aportó equilibrio en el medio. También entraron Chris Richards, Auston Trusty, Malik Tillman, Damion Downs y Mathis Albert, quien se convirtió en el jugador más joven en anotar para la selección masculina de Estados Unidos. Cavan Sullivan, en los pocos minutos que estuvo en el terreno, volvió a mostrar que es un jugador distinto, con una facilidad especial para entenderse con la pelota.
Estados Unidos ganó porque recuperó su actitud y mejoró el manejo y trato del esférico en el segundo tiempo. Recuperó su vocación ofensiva y encontró un bloque defensivo más firme, que le dio mayor propiedad a la recuperación, al enlace y al ataque.
Richards puso el tercero con un cabezazo tras un tiro de esquina cobrado por Berhalter, y Albert cerró la cuenta en el tiempo añadido con un gol discutido, porque hubo dudas de si la pelota había entrado o no. Los números respaldan la victoria americana, pero no pueden hacernos olvidar la primera fracción, cuando Chile generó peligro y dejó ver las debilidades de un equipo que no estaba engranado adecuadamente.
Dos partidos, dos ganados, cuatro goles en cada uno: ocho a favor y tres en contra. Eso habla bien de la producción ofensiva. Del trabajo defensivo hay que seguir hablando, porque lo visto en el primer tiempo frente a los chilenos dejó bastantes dudas, repito.
Ahora viene México, y entre mexicanos y estadounidenses nunca hay un amistoso cualquiera: son dos de las grandes selecciones de la zona, y cada vez que se encuentran, una quiere marcar su superioridad. Seguramente Estados Unidos presentará sus mejores cartas. Por ahora, me quedo con la reacción de la complementaria, que le permitió recuperar su identidad y su intensidad después de un primer tiempo en el que Chile lo hizo ver frágil, sin ideas y sin varias de las virtudes que le hemos venido realzando al proceso de Pochettino. El cuatro por dos está bien. Lo que sigue mereciendo nuestra atención es cómo se está construyendo este equipo.

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