¿Por qué escogí la salsa?

Debo reconocer que soy un amante a la música en general, pero un apasionado del género salsero en particular desde hace más de 30 años.

La música no es solo una combinación de sonidos armónicos y rítmicos que producen un efecto específico en el interior de las personas, sino que por lo general escuchamos las canciones y artistas de nuestra preferencia, atendiendo estados de ánimo o el momento oportuno en que queremos escucharla.

Siendo un universo aparte, por la combinación de géneros y ritmos existentes, desde muy joven me incliné por la combinación de compases tropicales que luego serian denominados “Salsa” para unificar la variedad melódica de la música caribeña.

Para continuar, no puedo omitir lo agradable que resulta escuchar un vals, una ranchera o una balada solo por citar algunos ejemplos, aceptando que hay otros géneros que no he podido entender ni asimilar respetando a los aficionados de estas líneas musicales, tal vez porque no me producen lo que a ellos sí. De allí la importancia de que el mercado sea variado para satisfacer todos los gustos.

Me voy a detener en la Salsa, porque en ella encuentro muchas cosas que me complementan como oyente y aficionado de la misma. Lo primero es aceptar que el término (así a muchos no les guste) reúne una variedad amplia de armonías (Danzón, Son, Son Montuno, Guajiras, Boleros, Chachachá, Mambo, Guaguancó etc.). Después agradecer que un grupo de inquietos músicos cubanos, puertorriqueños, venezolanos, colombianos, entre otros, hayan emigrado a los Estados Unidos y allí hubieran encontrado en el Jazz o el Soul, más herramientas sonoras para fusionarlas con los ritmos que traían atravesados en el pecho después de una larga historia y evolución en sus países, para darle a la emergente comunidad latina de los años 60’un poco de lo que habían dejado atrás cuando decidieron partir de su tierra.

Aunque la historia es más compleja que este relato, son estos inquietos músicos los fundadores y creadores del género salsero con su talento y capacidad, sin obviar que ya el caribe tenía en Benny Moré, Cachao, La Sonora Matancera, entre otros, a grandes figuras que viajaban por el mundo con sus voces y talento. Pero a esta camada de maestros latinos, hechos o nacidos en Nueva York, los recordamos hoy con aprecio porque muchos ya se han ido y otros disfrutan de su vejez.

El propósito de esta nota no es, ni mucho menos, hacer un recuento histórico y por eso ofrezco disculpas si omito un centenar de nombres legendarios. Lo que pretendo explicarle (especialmente a quienes no gustan mucho de la Salsa), es un poco de lo que encuentro en ella.

Muchas personas consideran la Salsa como una especie para bailar y no más. Sin embargo, no se han tomado el tiempo para conocer la historia detrás de la música. Decir que la Salsa es la expresión de un continente no es absurdo, porque nace del dolor propio de la comunidad africana traída y mancillada por los conquistadores. Porque con la alegría inagotable de los nuevos pueblos, sometidos y abusados, se destruye el tedio de los ritmos europeos que llegaban a las nuevas tierras, transformándolos en otra cosa. De los bailes lentos, monótonos y en círculos, cómo bailaban los aburridos ingleses o franceses, se pasa a tomar a la pareja, acercarse a ella en una sensación completamente distinta (será por eso por lo que no me divierte la música americana). Por eso la Salsa es alegría constante, más allá de que el relato de la canción sea nostálgico o doloroso y siempre invita a bailarla, así no seamos duchos en este oficio.

La Salsa, como tal, ha tenido varios capítulos en su prolongada historia, pero cuando se quiere escucharla no se puede evitar sentirla de cerca. Escuchar Salsa es ir atrás y disfrutar de la belleza de un bolero, una Guajira, un Son. A quienes les gusta la adrenalina pueden dejarla fluir con alegres guaguancós, grandes descargas musicales con solos instrumentales bellísimos, solo por citar dos ejemplos.

La Salsa Romántica (otra faceta resistida por muchos), no solo le dio un segundo aire al género cuando estaba atollado y recuperó la alegría de sus seguidores, si no que mejoró las letras de las canciones, que tenían una expresión más popular y menos sensible. Bailar un tema bien dulce con tu pareja es una aventura deliciosa.

Es tan extenso el menú musical de la Salsa, que muchos prefieren la de contenido pesado o “brava” como la denominan, mientras otros sectores se quedan con los aires antillanos o la tendencia romántica etc. Al final eso es cuestión de gustos, pero lo rescatable es saber que el género te da todo eso y más.

Por esta razón, sin ser un especialista histórico o experto en la materia, pero si un apasionado inclaudicable y sobre todo respetuoso, he decido arriesgarme a un proyecto musical donde se combine todo ese flujo de aires en un solo espacio. Desde hace unos días realizo para la ciudad de Cali un programa llamado “Zapatos Blancos, homenaje mundial a la salsa”. Allí busco condensar toda esa riqueza musical de la Salsa, intentando satisfacer el paladar del público, sin pretender impresionar a nadie y mucho menos pontificar sobre el tema. No fue fácil al comienzo, pero poco a poco me han tomado de la mano los oyentes (a quienes les agradezco un montón), y juntos estamos explorando todos esos aires sonoros que tanto nos gustan.

Lo arriesgado, porque lo es, es que no necesariamente están escuchando todos los clásicos del género como sería más fácil hacerlo para procurar un mejor resultado. Pero es que, al lado de los grandes, uno debe conocer otro grupo de artistas maravillosos que siguen aportando tu talento y capacidad y que merecen todo nuestro respeto y atención. Son músicos que no tuvieron ni han tenido mucha trascendencia, no por falta de capacidad, sino porque la difusión en los medios tradicionales es limitada y tienen canciones muy buenas. Afortunadamente ahora existen las redes sociales y por allí se están dejando ver sin tener que “pagar” fuertes sumas de dinero para que los promociones. Hay agrupaciones que están haciendo conciertos de dos o tres mil personas sin que se enteren más que sus seguidores sociales, y eso es bueno, muy bueno porque les permite mantenerse en esta aventura de la música.

Espero que la constancia me permita trascender en la idea y que ojalá muchos salseros como yo se unan para revivir los grandes clásicos y continuar enriqueciéndonos y disfrutando de este inagotable manantial con otras propuestas, porque a esta altura de mi vida no me mueve nada más sino la pasión por este género. Tal vez algo de lo que suene no haya sido muy comercial o quizás simplemente desconocido para muchos, pero al final es el público, cada uno con su propio criterio, el que decide si vale la pena añadir la canción a su menú personal porque este es el tiempo que ahora nos ha tocado vivir.  

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