
Por: Jairo A Castrillón (Geniale)
Cuando el formato del Mundial cambió de 24 a 32 equipos, el fútbol no solo sumó partidos — sumó historia. En las siete ediciones disputadas hasta Qatar 2022 hubo cinco campeones diferentes, una variable que contrasta con el formato de 24 seleccionados, donde prácticamente los mismos conjuntos aparecían siempre en la fotografía final.
Bajo este nuevo esquema apareció una especie de «maldición» para el campeón defensor, que muchas veces tuvo que irse por la puerta más pequeña pese a sus pergaminos y pronósticos. Eso sucedió con Francia en 2002, eliminada en fase de grupos sin marcar un solo gol; con Italia en 2010; con España en 2014, dentro del denominado «grupo de la muerte»; y con Alemania en 2018, cuando fue un huracán de fútbol ofensivo que no pudo cristalizar lo que generó, aunque la historia normalmente olvida esos matices.
Después de Francia 98, la presencia de más combinados abrió el espectro de selecciones capaces de hacer lo impensado. En 2002, Senegal derrotó a Francia por la mínima diferencia; Corea del Sur se convirtió en el primer semifinalista asiático después de dejar en el camino a Italia y España; Marruecos fue el primer semifinalista africano tras eliminar a Portugal y España en Qatar 2022; y en ese mismo torneo el campeón defensor solo perdió un partido, precisamente frente a Arabia Saudita.
También es importante destacar que desde Rusia 2018 el VAR modificó el carácter del torneo: más penales correctamente señalados, menos goles fantasma y más tiempo de descuento. En Qatar 2022 contribuyó directamente al récord de anotaciones. Es la innovación estructural más grande de la era de 32 equipos en su segunda mitad y puede decirse que ayudó a ver un campeonato más limpio y claro, aunque muchos todavía se nieguen a la utilización de la tecnología mientras la televisión es dueña absoluta del deporte.
Con lo anterior, pudiéramos aventurarnos a decir que la era de 32 equipos produjo más goles, más sorpresas y más variedad de campeones que cualquier formato anterior, pero también confirmó que las mismas seis o siete potencias siguieron disputándose los títulos. La diferencia real estuvo en que el espacio para la sorpresa se amplió en la primera y segunda ronda, mientras las semifinales continuaron siendo territorio casi exclusivo de las grandes selecciones europeas y sudamericanas — algo que al parecer no tendrá mayores variantes en la primera edición con 48 invitados.
El contraste más revelador con el formato de 24 seleccionados radicó en que mientras allí todo el poder se concentró en cuatro selecciones, el de 32 amplió la diversidad de campeones, aunque la grilla de semifinales en adelante siguió siendo mayoritariamente europea y sudamericana. En las siete ediciones con 32 equipos los mismos nombres continuaron dominando, pero irrumpió España con su primer título en 2010 y Francia volvió a coronarse con una generación completamente renovada en 2018. La rotación de campeones aumentó, estrechando las posibilidades para equipos tradicionales, intermitentes y novatos por igual.
De toda esta historia, entre más o menos competidores, Alemania es la selección que mejor representa la continuidad de élite entre ambos formatos y terminó protagonizando también el mayor colapso de la era de 32. Entre 2002 y 2014 alcanzó cuatro semifinales consecutivas — récord histórico absoluto — y conquistó su cuarto título en Brasil 2014. Pero en 2018 y 2022 fue eliminada en la fase de grupos, algo que no ocurría desde 1938. Alemania terminó demostrando que la élite no es un título vitalicio.
Brasil es el único equipo que jamás ha faltado a un Mundial, sin importar el formato. En la era de 32 ganó en 2002 y llegó a la final en 1998, el punto más alto de su hegemonía moderna. Sin embargo, desde 2006 no supera los cuartos de final: cinco Mundiales consecutivos sin semifinales. El 7-1 sufrido en casa en 2014 fue la imagen más traumática de una sequía que todavía no termina. Brasil sigue siendo favorito eterno, pero hace años dejó de imponer el temor competitivo de otras épocas.
Argentina es la selección con mayor variación entre ambas eras. En el formato de 24 fue pura cima: campeona y finalista. En el de 32 atravesó altibajos extremos: eliminada en grupos en 2002, finalista en 2014 y campeona en 2022. La presencia de Messi — desde 2006 hasta el título en Qatar — terminó convirtiéndose en el relato individual más poderoso de toda la era de 32 equipos. Los gauchos nunca fueron favoritos constantes, pero siempre resultaron peligrosos y cerraron el ciclo con el título más dramático de la historia.
Italia es quizá el caso más dramático de declive dentro de la era de 32. Dominó el formato de 24 — campeona en 1982 y finalista en 1994 —, ganó un título inesperado en 2006 con Cannavaro y Buffon, y luego se desplomó: eliminada en grupos como campeona defensora en 2010, fuera nuevamente en la primera ronda en 2014 y ausente en 2018, 2022 y ahora también en 2026. Una potencia que tardó demasiado en renovarse y terminó pagando el precio más alto.
Ahora que la lista se amplió todavía más, aparecen como favoritas escuadras de enorme nivel, principalmente Francia y España, pero también existe un grupo de selecciones que crecieron durante la era de 32 y llegan al Mundial de 48 con mayores credenciales que antes. Croacia llegó a dos finales con una población de cuatro millones; Marruecos fue semifinalista africano por primera vez en la historia; Portugal lleva dos décadas instalado en la segunda semana de los torneos. Países Bajos y Bélgica completan una lista real de probabilidades, precisamente porque los gigantes tradicionales han perdido parte de su altura competitiva.
Los grandes favoritos deberán demostrarlo dentro de la cancha. La historia del fútbol está llena de candidatos que llegaron con todas las credenciales y se fueron antes de tiempo — no por falta de talento, sino por exceso de confianza o escasez de hambre.
Por eso, mirar a Francia y España con detenimiento merece un análisis mucho más profundo.

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