Por: Geniale

La selección de Alemania no llega como favorita el Mundial 2026, pero descartarla como aspirante es un craso error porque si bien está saliendo de un prolongado bache deportivo y de resultados, Alemania siempre es Alemania, es decir, con rúbrica probada, una de las grandes de la historia.

España es hoy más favorita que nunca. Algunas casas de apuestas la dan con tres puntos porcentuales por encima de Francia, como la de mayor opción al título mundial, pero cuando uno ve a los galos dónde están, esa diferencia es más estrecha porque ambos combinados, sencillamente, están volando. Será esta estrechez lo que hace que en otras plataformas los pronósticos se inviertan a favor de los franceses.

Sobre el papel, España parece no tener rival en el Grupo H, donde por ahí Uruguay tiene con qué ser el mejor sparring. En el Grupo I, donde estará Francia, los entendidos creen que es una zona muy exigente porque aparece el campeón africano (Senegal) y la Noruega de Haaland, cerrando el conjunto iraquí. Tal vez sea menos complicado el asunto de lo que muchos esperan, pero quizás los desgastes de ambos oncenos, por la exigencia física de los rivales en la serie de grupos, sí tienen diferencia de cara a las eliminaciones directas.

Pese a que resultaría correcto hablar de ambas escuadras, es el momento preciso de dedicarle espacio a un combinado histórico, de gran trayectoria y que, al igual que Brasil, nunca puede ser menospreciado, reitero, como actualmente sucede, convirtiéndolo, de paso, en un gigante más peligroso que trabaja silenciosamente porque sabe que en el horizonte está un pentacampeonato que los expertos no lo vislumbran.

En la lista de los “dominantes” que he mencionado en notas anteriores, los alemanes están hoy en la séptima casilla de favoritismo por debajo de Inglaterra, Brasil, Argentina y Portugal, superando solamente a Países Bajos.

Inglaterra, que por tradición no ha sido mejor, hoy goza de una opinión y números más favorable que los teutones. Es más, es la única escuadra con cifras cercanas a los favoritos y con funcionamiento táctico-colectivo en la cancha como para pensar en una vuelta olímpica.

Si bien Alemania se encargó por sí misma de alejarse como favorita después de la estruendosa salida de Rusia y Qatar, sería un error descalificarla del Mundial que se avecina, solo por ese bache deportivo haciendo del historial reciente una prima de riesgo. En Qatar no le alcanzó para superar la fase de grupos y solo le pudo ganar a Costa Rica, después de caer ante Japón en el debut y empatar con España.

Pero si bien lo de Rusia resultó penoso por los marcadores, futbolísticamente fue el equipo más ofensivo de todos en la fase de grupos, inclusive por encima de combinados que avanzaron a otras instancias, pero estaba condenado a que el puntillazo final fuera constantemente errático. Tuvo una media de 7.2 ocasiones claras de gol por partido y solo pudo sumar tres puntos, dos goles a favor y una diferencia de -2, y ahora se presenta en 2026 con una cosecha de 20 goles en seis partidos y solo tres goles en contra que parecieran no asustar o inquietar a nadie.

La actualidad muestra que Alemania maneja una de las presiones altas más agresivas y coordinadas del fútbol europeo actual. Es un colectivo muy variable en su composición táctica, sigue siendo muy fuerte en el juego aéreo y para moverse en bloque.

Su capacidad física es enorme y este renglón es fundamental toda vez que el Grupo E, junto a Curazao, Costa de Marfil y Ecuador, podría facilitarle llegar con gran energía física y fortaleza mental, toda vez que puedan superar la fase sin apremios.

Si bien hay grandes jugadores que todavía buscan su mejor forma (Musiala es uno de ellos), el punto más frágil pudiera ser la juventud, la inexperiencia y el ímpetu de un técnico como Julián Nagelsmann, quien a sus 38 años se convierte en el técnico más joven en dirigir un Mundial.

Desde que asumió la compleja responsabilidad de llevar a su país al Mundial, acumula 11 victorias, 5 empates y 3 derrotas en 19 partidos, para una media de 66,6% de efectividad. Ahora bien, una Copa del Mundo es un torneo aparte donde el margen de error y la recuperación tienen limitaciones enormes, de allí que se hayan descolgado de los dos torneos anteriores.

El dato más relevante es que esta Alemania no había pasado de cuartos de final de un torneo mayor desde la Eurocopa 2016, con abruptas salidas en los dos últimos Mundiales y en la ronda de 16 en la Euro 2020. Nagelsmann rompió esa tendencia llevándolos hasta cuartos en la Euro 2024, donde perdieron 2-1 en prórroga contra una España que al final fue la eventual campeona.

Nagelsmann es un estratega audaz, atrevido, muy capaz de tomar decisiones difíciles sin dudarlo, pero su defecto más grande es el exceso que tiene a intervenir en todo, generando movimientos inesperados que pueden confundir o minar la capacidad del equipo. Algo que le puede pasar factura con oncenos de gran peso y con estrategas más aplomados.

Si, por ejemplo, Alemania llegara a un partido clave con el marcador 1-0 en el 75′, la pregunta no es si está el talento en el banco para alguna variante; el verdadero temor radica en si Nagelsmann tiene la sangre fría para no tocar nada, sobre todo por la intensa presión de una instancia mayor.

Otro punto que no ha tenido mayor consideración es que la plantilla por edad ha sido inteligentemente diseñada. En eso el técnico ha probado capacidad, pues tiene claro que en las posiciones mas claves (portería, defensa, pivote), le apuesta a la experiencia, pero en sectores donde el desgaste es mayor apela a la juventud. La historia de los mundiales no ha mostrado nunca que un equipo tan joven en promedio (24.8) haya salido campeón.

El bloque de portería y defensa central tiene la experiencia necesaria, con Rüdiger y Kimmich como líderes de vestuario probados. Donde la juventud es más extrema es precisamente en la zona de creación, Wirtz con 22 y Musiala con 23, que irónicamente es donde el fútbol moderno más recompensa la audacia y la frescura física.

Por eso, para terminar, esta selección alemana merece mucho mas respeto y consideración de la que actualmente tiene. En un torneo de ocho partidos en cinco semanas para el campeón, con un intenso calor de las sedes estadounidenses, un plantel joven con pressing alto tiene una ventaja fisiológica real sobre los últimos diez días del torneo, cuando equipos con promedios de 28-29 años empiezan a acusar el desgaste. Pero en momentos claves y de alta exigencia es donde los jugadores maduros y con experiencia marcan la diferencia. Hasta el momento se ha confirmado que los chicos ganan partidos y los hombres campeonatos, esperemos qué camino escriben los panzers.

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