
Por: Jairo A Castrillon
El estadio Azteca abrió sus puertas a la Copa del Mundo vestido con sus mejores prendas, una inauguración emotiva y de primer nivel, aunque en lo deportivo el debut de los mexicanos estuvo por debajo de las expectativas. Ese partido fue, curiosamente, el compromiso de vuelta de aquel que se jugó exactamente el 11 de junio de 2010 en Johannesburgo ante los mismos sudafricanos, con el mismo Javier Aguirre en el banquillo técnico y un Rafa Márquez, hoy en el banquillo como asistente, igualando aquel complicado duelo.
Al final, el cuadro mexicano ganó dos por cero ante un colectivo sudafricano que corrió mucho y propuso poco, sin recursos para incomodar pese a la entrega. El delantero Julián Quiñones, nacionalizado mexicano y de origen colombiano, marcó no solo la apertura del marcador, sino su nombre en el historial de la prueba como primer goleador del Mundial. Raúl Jiménez, de cabeza, cerró la cuenta con un excelente centro de Roberto Alvarado desde la derecha.
Hay que registrar las tres expulsiones. Dos cayeron del lado sudafricano —Sphephelo Sithole y Themba Zwane—, rúbrica de una noche que se les fue de las manos, y la última para el capitán azteca, César Montes, quien de paso se pierde el próximo compromiso frente a los coreanos el jueves 18 de junio en el estadio de Guadalajara.
Una buena parte de la afición se marchó antes del pitazo final, sin importarle lo que había pagado por la taquilla como un mensaje nítido del descontento que reinaba en las graderías. Del local esperaban más dinamismo y vocación ofensiva, y no lo vieron. Ganó México, que era lo importante; pero quedó flotando la sensación de que tendrá que mejorar mucho, muchísimo, si quiere romper su historia, porque con lo mostrado, de repetirse, no invita a soñar con un quinto o sexto partido.
En el segundo duelo de este grupo A, las «hormigas» coreanas remontaron y doblegaron a los espigados checos dos goles por uno, en un compromiso que fue muy intenso en la parte complementaria, después de una primera fracción enredada, monótona y aburrida. No es un dato menor recordar que la selección de Chequia es la quinta más alta de todo el torneo.
Me voy a detener en los asiáticos porque mostraron oficio, pundonor y sacrificio lo que les permitió corregir de manera rápida y eficaz sus errores en la pérdida del útil, aparte de una propuesta interesante. De hecho, merecen más líneas porque, hasta el momento, ha sido el mejor de los 4 rivales.
Este no es un equipo que juegue atrás con el arquero de manera funcional, sino que lo hace como último recurso cuando el rival lo presiona muy alto y por allí son hasta temerarios. No tienen el ideal de salir muy prolijamente desde el fondo y por eso el balón estuvo dividido constantemente. Esto lo confirma el hecho de que Chequia jugó incluso más balones largos que Corea (53 contra 47) y ambos repartieron idéntica cantidad de pases hacia atrás (71), confirmando que fue un partido de mucha disputa y juego directo de los dos lados.
Los coreanos también demostraron tener una gran eficacia en el anticipo y la recuperación dejando poca opción para que el rival carburara. Chequia terminó con apenas 75.1% de precisión de pase —cifra baja para una selección europea—, pero es esto justo lo que se espera de un equipo presionado a no generar.
Es cierto que los asiáticos tuvieron un buen volumen de pases (412), y acertaron mucho más en la entrega, pero los 27 centros y 47 balones largos que generaron dejan una lectura clara de que les gusta el juego directo dentro de sus variantes.
En ofensiva tienen una virtud que vale la pena seguir porque el contexto es contrario al aburrido toque-toque de la era moderna en el fútbol europeo, mostrando una mayor disponibilidad a encarar en el uno contra uno y a romper líneas en todos los sectores con pases de primera intención bien dirigidos. Esto los puede hacer vulnerables ante equipos de rápida salida si pierden la pelota y tienen sus líneas adelantadas, pero como propuesta es válida y entretenida.
Por lo anterior no me extiendo escribiendo mucho de México o de los discretos sudafricanos, y muy poco de unos checos que cuando quisieron jugar a la pelota, los enredaron en sus propias limitaciones, porque la mejor cara de este grupo corresponde a los asiáticos que, a propósito, tienen en la altura su gran punto ciego: ahí les cuesta marcar y anticipar, por talla y por ubicación.
Fue precisamente por allí, con el balón arriba, que los checos encontraron la apertura del marcador en la cabeza de Krejcí (59′) tras un saque de banda (inadmisible). La respuesta coreana no tardó: Hwang In-beom firmó un golazo para el 1-1 (67′) y enderezó una historia que se les había torcido. Aun así, los asiáticos sufrieron un susto mayúsculo cuando, Tomáš Souček, metió, también por arriba, lo que parecía el 2-1, tras un cobro libre directo. De hecho lo celebraron todos antes de que la revisión de la jugada lo anulara por una evidente posición adelantada.
Ese segundo aire empujó al cuadro asiático, que trece minutos después encontró su premio: el propio Hwang In-beom, en una noche enorme, habilitó al recién ingresado Oh Hyeon-Gyu cuando este atacaba el espacio, y el coreano firmó, en maniobra individual y con precisión, el 2-1 definitivo.
La estadística favorece en todo al cuadro dirigido por el veterano Myung-bo Hong. Tuvieron más la pelota porque la recuperaban pronto (54.5%), fueron más acertados en la entrega (83.5%); mayor cantidad de toques en el área rival (31) y casi duplican a su rival en pases exitosos en el último tercio (142 por 61) y sobre todas las cosas tiene un gran orgullo y vergüenza deportiva que invita a disfrutarlos en cada salida. Lo dejan todo en el gramado, no se ahorran nada.
Hoy abren los grupos B y D, donde los otros dos anfitriones muestran sus credenciales al mundo: los canadienses enfrentan a Bosnia Herzegovina, y los Estados Unidos a la aguerrida Paraguay (que buen partido). A todos, por supuesto, los evaluaremos en nuestro próximo encuentro. Gracias por su compañía.


Deja un comentario