Marruecos no sorprendió al pentacampeón del mundo: lo superó. El empate dejó al descubierto una selección con más nombre que funcionamiento y muchas preguntas por responder.

Por: Geniale

Lo mejor que le pudo pasar a Brasil es que se haya terminado el partido contra Marruecos. Sobre el papel, el cuadro africano lucía como el rival más serio para el pentacampeón del mundo, y no fue así. No fue el más serio: fue superior, porque manejó los hilos del compromiso, nunca se amilanó ante el rival y puso en duda si de verdad esta es una escuadra que confirma el rótulo de favorita, o es otra selección brasileña más para aumentar la sequía.

Para la estadística se reseña que Vinícius Jr. marcó un gol de genio (el segundo en su cuenta personal dentro de una Copa del Mundo) al minuto 32, y nada más. Los marroquíes se habían puesto adelante con un tanto de Ismael Saibari (21′) tras la genial asistencia de Brahim Díaz. Es decir, Marruecos no solo ganó los duelos, sino que además definió una pelota difícil, mientras Brasil necesitó una genialidad individual para empatar.

El resultado deja un dato que no define nada, pero es un dato: cada vez que Brasil empató su partido inaugural en un Mundial, nunca terminó campeón. Le había pasado tres veces antes del partido contra los marroquíes. En Alemania 1974, con un 0-0 ante Yugoslavia, terminó cuarto y muy lejos de su nivel. En Argentina 78 debutó 1-1 contra Suecia y terminó ganando el partido por el tercer puesto ante los italianos. Y en Rusia 2018 igualó con los suizos en el debut y se fue de la prueba en los cuartos de final.

Ya en el gramado, los pentacampeones dejaron muchos interrogantes, al punto que su afición los abucheó con el transcurrir del compromiso. Se vio a un Casemiro aislado y vulnerable, sostenido por el apoyo de Guimarães y Paquetá, quienes dejaban de ir a cerrar por cubrirle la espalda, dejando una zona media penetrable por consecuencia obvia. Tampoco aparece el cerebro que haga la pausa y maneje los ritmos del partido, esa figura que descongestione y abra la cancha, perfore líneas y permita que los artilleros reciban material para la definición, aunque tampoco tienen al gran Romário o Bebeto de otros tiempos.

Igual el técnico italiano, Carlo Ancelotti, no se escondió y reconoció que el rival los complicó todo el tiempo, y aseveró que deben mejorar si piensan en conseguir algo serio, reconociendo que a su equipo le falta balance entre líneas, así de fácil.

Aquí la buena noticia para los brasileños es que la «poderosa» selección de Haití cayó 1-0 ante Escocia, que ahora es líder del grupo, y eso abre las posibilidades de que por esta zona avance un mejor tercero. Suena irrespetuoso, lo sé, pero es que cuando un equipo quiere ser campeón del mundo debe mostrarlo desde el arranque, sin sembrar dudas, y eso fue lo que dejó ayer el conjunto carioca. Está en la grilla de aspirantes de acuerdo a las casas de apuestas, donde ocupa la quinta casilla de preferencia por detras de Francia, España, Inglaterra y argentina, pero el hecho de que un histórico de esta talla no figure entre los tres primeros se reafirma con su exposición de juego. Es más, algunos han sido tan pesimistas que empiezan a ver sombras de otro 7-1 cuando se midan a los combinados de mayor talla, porque no vislumbran una selección acoplada, funcional, segura y productiva.

Es claro que Vini los salvó con su genialidad, pero también es cierto que el extremo no aporta casi nada en sacrificio. No podemos olvidar —porque en un Mundial esto se debe recordar— que Xabi Alonso, después de relevar a Ancelotti en el Real Madrid, tuvo fricciones con Vinícius por su falta de sacrificio. El técnico español le dejó claro a Vinícius que la titularidad requería sacrificio defensivo, lo que derivó en varias suplencias del brasileño al arranque de la campaña.

Hubo partidos donde Vini siguió el libreto de Xabi y logró, ante el Rayo Vallecano por ejemplo, recuperar siete balones, pero le dolía ya no tener el brillo ofensivo que había conseguido con Ancelotti, quien seguramente ahora en la selección le da las mismas ventajas. Pero la inexperiencia en un Mundial, contrario a un torneo nacional, es que en este tipo de pruebas son ocho partidos para llegar a la cima y todos deben renunciar a los caprichos de sus clubes, sobre todo cuando este arranque no fue promisorio y el futuro no se define solo con un gol.

En este Mundial, para que seamos claros, los equipos que jueguen como tal, es decir que sean funcionales y colectivos, están llamados a progresar en la prueba y buscar cosas importantes, mientras que las individualudades solo sirven para ganar partidos, no necesariamente un título.

Australia sorprende

La jornada tres inició con el agónico empate de Qatar ante Suiza a un gol, en un partido normalito y para compartir algunos bostezos, cerrando con la sorprendente victoria de Australia sobre el combinado turco que, sobre el papel y en los salones de apuestas, no debería haber tenido mayores problemas.

El colectivo australiano dejó a Turquía con cara de no entender nada. Ganó 2-0 en Vancouver y, ojo, no fue suerte: los turcos tuvieron la pelota, propusieron, insistieron… pero se toparon con un Australia frío y calculador, de esos que esperan agazapados y te clavan el puñal en la primera que tienen.

Los dos goles fueron calcados —recuperan, corren al espacio y castigan—: primero Irankunda con un zurdazo precioso y después Metcalfe rematando la faena con un derechazo de lejos. Pura eficiencia: sufrir poco, definir bien. Aunque el verdadero protagonista fue el arquero, Patrick Beach, un jovencito de 22 años que ni siquiera era el titular esperado y que se sacó ocho atajadas que dejaron a los turcos con una frustración enorme. Una noche de ensueño para debutar. El pobre Arda Güler, la joya turca, lo intentó por todos lados y siempre se encontró con él.

Ahora turcos y paraguayos quedan contra las cuerdas, obligados a ganar, mientras Australia se codea con Estados Unidos en lo alto del grupo.

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