Colombia ganó, sumó y lidera. Pero el debut dejó más dudas que certezas, y los números lo confirman.

Por: Jairo A. Castrillón

Si a usted le gusta que le digan mentiras, le diré que Colombia jugó muy bien. Si, por el contrario, es de aquellos a los que les molesta que le “critiquen” el equipo, porque lo importante era ganar, como fuera, pero ganar en el arranque del Mundial, pues siéntese, fúmese un cigarrillo o tómese un café, y no siga leyendo, porque seguramente no le va a gustar lo que sigue, ya que no estoy en su línea: Colombia ganó, sumó y es primera del grupo. Eso es cierto y, de paso, muy importante. Pero si usted es de los aficionados que reconoce la verdad, por encima del resultado, entonces no puede haberse acostado a dormir tranquilo, porque un seleccionado que no sea capaz de reducir a un rival tan limitado y falto de recursos como Uzbekistán, cuando hombre por hombre, por experiencia y recorrido, es superior, no puede terminar metido en su cancha y resolviendo el duelo con un gol de regalo del arquero rival y otro de pelota larga, ya en el descuento.

Uzbekistán apeló al pundonor y al orgullo en el arranque del partido, tratando de ganarle al impacto del debut mostrándose ordenado en el primer tercio de la cancha y buscando hilvanar transiciones tan rápidas como limitadas. Fue tan pobre su manejo del balón que las estadísticas revelan, de acuerdo con Opta, que en todo el primer tiempo no hizo un solo remate a puerta ni llegó a tocar el área de Camilo Vargas: fue el único equipo del Mundial que no registró un solo toque en el área rival en una primera mitad. La única vez que estuvieron a punto de hacerlo, Lucumí, en una veloz carrera, le cubrió la espalda a Dávinson y solucionó el problema.

Sí, Colombia tenía la pelota, pero no hacía nada con ella y eso, perdónenme, desespera. Después de ver a Francia, Inglaterra, Uruguay, Argentina, Corea, entre otras, que juegan hacia adelante, buscando romper con individualidades, presionando, mordiendo, con un juego vertical y decidido, lo de los cafeteros no produce nada, solo angustia.

En esa primera fracción, el equipo de Néstor Lorenzo tuvo el 72% de la pelota y solo produjo un pálido remate de James, uno que se le estrella a Lucho en la raíz del palo derecho tras un dardo lanzado por John Arias, y otro pase que se inventó el mismo guajiro, al minuto 40, quien vio a Muñoz filtrándose entre los centrales y se la puso arriba para que el lateral levantara la pierna y cambiara el recorrido del útil, sorprendiendo al meta uzbeko y despertando a muchos de los televidentes. Era la apertura del marcador y ahora sí la sensación de que el rival se tenía que abrir para ir por la paridad y entonces, suponíamos, Colombia tendría un mejor panorama para imponer condiciones, pero no fue así.

Hay una relación incómoda entre “dominio” y peligro real cuando se miran las estadísticas en frío. Con el 61% de dominio en todo el partido, 15 remates y 27 toques en el área del vecino, Colombia generó un 1,61 de xG (goles esperados), una cifra pobre cuando este ítem mide la eficacia del remate: significa muchos disparos de baja calidad y poca contundencia. Y lo más preocupante es que al debutante, por nuestra actitud, le permitimos llegar a un 1,14, es decir, tan “peligroso” como nosotros. ¿De verdad?

De hecho, el empate de Uzbekistán no fue casualidad dentro de esa falta de jerarquía. Fayzullaev, un chico de 22 años y el más bajito del equipo, igualó con el primer remate a puerta, una jugada que valió un xG de 0,98 —es decir, una ocasión clarísima— tras un error defensivo por la banda de Mojica. Además, Uzbekistán estrelló dos balones en los palos (uno de ellos terminó en el gol) en el segundo tiempo. Un rival que en la previa promediaba 1,2 goles te genera una opción de gol del 98% y dos palos: eso es un aviso serio.

El otro punto que no se entiende, por lo menos no para el autor de esta columna —y no sé si para usted—, es cómo se cuida un 1-0 cuando hay que imponer condiciones, o por lo menos eso es lo que siempre creemos. Pero no, empataron los uzbekos al minuto 60 y entonces se produjo una reacción que, en cinco minutos, puso a los cafeteros otra vez adelante.

Porque la verdad, o por lo menos la mía, es que parte del marcador se explica por errores ajenos, no por brillo propio. El 2-1 de Díaz fue un remate flojo que el arquero uzbeko dejó escapar, y gracias a una recuperación brillante de Puerta, que se la jugó todo el partido.

En datos de Opta: el arquero de Uzbekistán terminó con -1,70 de goles evitados, una cifra desastrosa que no extraña, porque tiene unas limitaciones enormes, mientras que Vargas tuvo un error que derivó en gol.

El tercer tanto, además, llegó al minuto 90+9, cuando el juego estaba roto, y gracias a un Cucho Hernández que le metió testosterona a la acción en vez de quedarse en el piso buscando una infracción. El pereirano recibió esa pelota no porque la buscaran, sino porque fue un despeje desesperado de la zaga a cualquier parte, que cayó por ahí, y el delantero supo trabajarla para sacar ventaja, centrar y lograr que el Pitufo Campaz rematara de cabeza, elegantemente, con precisión, aprovechando que la defensa rival estaba mal parada, casi despoblada y regresando lentamente.

El hecho de que haya gente diciendo que sufrimos un “poquitico” o “muchito” —y todos los diminutivos que quiera— para defender la mediocridad no significa que todos estemos de acuerdo; eso creo.

Si esta será la constante, si este equipo no reacciona y le muestra al mundo que estamos para soñar y pensar en grande, sin arrugarse y siendo propositivos, seguiremos apretando los dientes, regalando la cancha, metiéndonos atrás y sacando puntos apretando nalga, o con este mal sabor de boca que deja el estilo de juego en el debut.

Me disculpan, no quiero ser negativo, pero tampoco quiero contribuir con ese verso de “orgulloso” cuando hay que reclamar cambios para que las cosas mejoren. Nos tenemos que acostumbrar a ser sinceros, a criticarnos y a evaluar lo que no somos, lo que nos hace falta y cómo podemos mejorar para llegar.

Ya hemos visto equipos con pinta de campeones, que quieren confirmar lo que las expectativas sugieren, pero si Colombia ayer dio muestra de ser un equipo con oficio y con pergaminos para dar una vuelta olímpica, que alguien me lo diga, porque no lo ví porque al parecer lo que queremos es ver qué tan lejos llegamos y no pensar en que podemos jugar un octavo partido. Eso nos diferencia de los argentinos y brasileños, así se ahoguen en el camino.

Gracias por su opinión y por suscribirse.

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