
Por: Jairo A. Castrillón
Estados Unidos ya está en octavos de final y llegó allí jugando distinto, obligado por las circunstancias, aunque muchas veces me he preguntado si jugar con diez obliga a renunciar a todo cuando al frente se tiene un rival tan limitado como el de Bosnia y Herzegovina. Con el debido respeto por los europeos, más allá de cualquier habilidad que hayan desarrollado con la pelota detenida, su comportamiento colectivo, especialmente en ofensiva, resulta inquietante. De esa manera no se puede trascender a gran escala.
Algún sector de la prensa amaneció dándole a la “selección de todos” (así la llamamos en los Estados Unidos) una calificación de 6.8 y no la comparto. No voy a decir que el libreto no funcionó o fue mal aplicado, ni más faltaba. Se ganó dos por cero, se pasó a la siguiente ronda y eso era la prioridad cuando se tienen ganas de romper la historia; sin embargo, debo cuestionar a los equipos que, siendo más, se reducen y se entregan, dando muestras de una fragilidad que no luce, porque, aun siendo complacientes con el rival, cuando aprietan un poco, los destellos de capacidad abundan.
En la segunda mitad —donde USA jugó 26 minutos con 11 elementos e igual número de minutos con 10— el conjunto de Pochettino sumó 3 remates más, mientras que Bosnia sumó 8. Es decir: con el hombre de más, los balcánicos acumularon volumen (pasaron de 1 a 9 remates en total), pero casi no mejoraron la calidad de sus ocasiones. Tuvieron el balón y quizás más intentos, pero no generaron un peligro proporcional a la ventaja numérica.
Otro dato importante es que Estados Unidos venía de correr más que cualquier otra selección en la fase de grupos (media de 119,54 km en total según la FIFA), siendo el octavo conjunto con mayor posesión (44,4%), o sea que el despliegue físico y el modelo de juego no dependen de la tenencia del esférico todo el tiempo. Tal vez por eso destaco la dosificación del esfuerzo porque esto todavía sigue y hay que carburar con prudencia.
Al quedar con diez elementos, el cuadro americano le añade un matiz al partido: tras perder específicamente a un delantero, cambia la ecuación si, por ejemplo, se hubiera perdido a un lateral. Balogun no es solo un rematador: es el punto de fijación que abre espacio en contraofensiva sobre el territorio rival. Sin él, se pierde la salida directa y más peligrosa. Por eso se pasó de atacar con líneas más largas a depender de McKennie y Pulisic asociándose desde más atrás, lo cual explica la inversión en la tenencia (Bosnia 63% y 48% USA) sin que eso implicara catástrofe defensiva.
Los estudios tácticos, respaldados por la evidencia, revelan que no se puede jugar de tú a tú con diez, pero el tamaño del efecto depende de tres factores coyunturales: cuánto tiempo queda, cómo va el marcador y la brecha de calidad entre los planteles. Cuanto más tarde la roja, más cómodo el resultado, y mayor la diferencia de nivel, menos pesa la inferioridad numérica en la práctica — que es justo la combinación que tuvo Estados Unidos ante Bosnia.
Así que me planto con mi teoría: cuando hay un hombre menos, el equipo que «renuncia a todo» actúa así porque toma una decisión, no una obligación mecánica. El diez contra once te empuja estadísticamente a jugar peor, pero no te condena a la pasividad total; la diferencia está en el minuto en que ocurre, el marcador y la calidad relativa de los planteles. En el caso concreto, esas tres variables jugaron a favor de que USA pudiera seguir generando sin desmontar el plan, más que en el partido promedio que mide la literatura.


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