La victoria sobre Ghana dejó una certeza: Colombia juega cada vez mejor. El siguiente desafío será confirmar ese crecimiento frente a un rival de otra categoría.

Por: Jairo Alberto Castrillón

Un paso más, de manera segura, sin vacilar. Así jugó Colombia ante Ghana y ahora esperan los suizos en Toronto, preocupados, por supuesto. Cualquiera lo haría si sabe que su rival es un equipo que está creciendo en la prueba, que es serio y tiene dos variables combinadas: colectivamente es funcional, y mucho; e individualmente hay jugadores que están a otro nivel.

No creo que el partido contra los africanos merezca un análisis muy profundo. Basta revisar los números para darse cuenta de que en la cancha hubo un solo equipo. El otro, el de África, se limitó a correr, esperar y salir en procura de un gol que es imposible marcar cuando en ofensiva no hay peso y los circuitos de tránsito se interrumpen porque no puedes dar cuatro pases precisos.

El onceno cafetero tuvo y administró la pelota con criterio un 61 %, registró un xG de 2.19, el cual no se cumplió porque no estuvieron finos al final. Hubo un total de 20 remates, ocho de ellos a puerta, un gol bien anulado y la sensación de que, una vez más, el resultado no se ajusta a lo visto en la cancha, como sucedió contra la República Democrática del Congo.

La misma incidencia y desarrollo de los partidos va poniendo a los jugadores en niveles distintos que, cuando se entrelazan, permiten que el andamiaje se sostenga con una alta cuota de equilibrio. Eso sí, preocupa que no se estén convirtiendo las opciones creadas y que se avance con lo preciso, respaldados en una defensa de capacidad mayúscula.

Empiezo por desglosar al grupo que, al final, es el propósito de mi escrito. En primera instancia no voy a mencionar a los mejores, sino, por el contrario, al peor: James Rodríguez.

James tiene la particularidad de ser un jugador con imagen, muy querido y respaldado por la afición. Pero en este Mundial, de lejos, es el más liviano de todos. No pesa en marca, se le ve lento, sin ritmo ni reacción; se arruga ante la marca y no carbura. En algún momento saca un remate, un pase o mete un gol, y todos de nuevo se arrodillan, pero en el plano deportivo, cuando el rendimiento se valora sin pasión, su presentación, salvo el duelo con el Congo, despierta serios reparos. Y los despierta porque se opaca ante el brillo de los demás.

Colombia ha tenido una presentación impecable en su sector posterior. El hecho de haber recibido un gol en su peor partido ante Uzbekistán y haber reducido el xG de sus rivales a menos de uno por encuentro refleja claramente la labor. De allí en más, la valla está invicta y con un arquero que, cuando ha sido exigido, responde con propiedad.

La dupla Lucumí-Sánchez es la mejor que he visto en mucho tiempo y me sorprende gratamente porque en las Eliminatorias ofrecía reparos. De hecho, para no esconderme, siempre expresé mi preocupación por el centro de la zaga, pero esta versión mundialista está intratable. Van bien arriba, apuran en los cierres con clase, se relevan con precisión, su concentración es altísima y aportan liderazgo y calma desde el fondo. Si no estoy mal, creo que ellos dos, como inicialistas, no estuvieron en más de cinco partidos en el torneo de la Conmebol, porque siempre se alternaron con Mina y Cuesta; por eso agrada tanto este acople.

En las bandas la fortaleza aumenta cuando los laterales están, literalmente, volando. A Mojica le dan palo cuando no llega a su nivel, pero poco lo aplauden porque, se equivoque o no, es de esos jugadores que entregan todo, así el físico no le alcance. En esta prueba lo que ha hecho ha sido clave para su equipo y hasta el momento no ha entregado su posición a ningún rival. Lo mismo pasa con Muñoz, quien, aparte de los goles, también brilla por su velocidad y entrega.

Sin embargo, si el sector del fondo rinde que da gusto (como diría el comercial de la harina), el verdadero corazón y equilibrio de todo el grupo está en la pareja Lerma-Puerta. ¡Qué clase de volantes de marca tiene Colombia en este Mundial! Hasta el momento, su capacidad para recorrer la cancha es impresionante, especialmente la de Gustavo que, más allá de su talla, no se arruga, mete, releva, quita, entrega, se va al ataque y tira a puerta si le dan el «papayazo». Desde que vi en la cancha a Freddy Rincón, no había visto un volante mixto de tanta capacidad y elegancia, de esos que te juegan de extremo a extremo sin renunciar.

Lerma, por su parte, no tendrá tanto aporte en ofensiva, pero patrulla su área con recelo y siempre aparece a remendar cuando se produce un roto en las costuras de salida. Es garante en toda la franja de recuperación. Es más, cuando Lorenzo ha mandado a Richard Ríos a fortalecer esa zona de quite y entrega para administrar el resultado, se aprecia claramente por qué Puerta sentó al volante del Oporto y es la pareja perfecta de Lerma.

En la segunda línea es donde las cosas deben quedar definidas sin tanto amague. No escribo una previa creyendo que es este o aquel jugador el que debe saltar a la cancha; no es mi estilo. Para eso está el técnico y con base en sus decisiones es que después pongo a trabajar mi pluma. Ya bastante tiene un estratega en el mundo con soportar los millones de técnicos que genera este apasionante deporte.

Ahora bien, es claro que Juan Fernando Quintero, de lejos, está en un mejor nivel que James. Que Lorenzo le apueste a Rodríguez porque sí, porque quiere y confía en él, es respetable, pero deportivamente el equipo pierde, especialmente en marca y recuperación, si entendemos que hoy Colombia está entre los equipos que mejor presión hacen y menos demora en recuperar la pelota cuando la pierde.

Quintero, desde que salta, le da otra dinámica al partido porque, así a los seguidores del ’10’ les duela reconocerlo, Juan Fernando es tan técnico como James. No tiene nada que envidiarle en ningún aspecto. Por eso la sociedad con un genial John Arias debe rendir mejor desde el arranque. Porque Arias, contrario a los dos zurdos, es polivalente por dentro y por fuera. Es fuerte, claro, y sabe hacer goles. Es un volante de otro corte, pero brillante.

Arriba es donde la cosa se complica, no porque Díaz y Suárez no estén al nivel, sino porque están tan desesperados por anotar, que el deseo apura sus decisiones en el martillazo final. Colombia genera y genera, pero los goleadores no concretan y por allí esa dolencia se podría hacer más notoria cuando el rival cambie de talla. Se los firmo.

Luis Suárez es un jugador bravísimo, goleador por naturaleza, pero en este Mundial es más su aporte en marca que en el último tercio. No hay otro goleador en esta Copa del Mundo que vaya al contacto con su oponente desde que intentan salir del fondo de manera tan repetida. Es rápido e incansable y quizás sea esta una de las razones por las que el físico no le alcanza cuando intenta definir, ya que, por lo general, está llegando tarde a buscar el gol. Es tan efectivo en marca y está en sequía goleadora como le pasaba a Santos Borré cuando estaba en la lista.

Lucho, que debería ser el más calmado de todos, está desesperado. No sé cuál sea su meta personal, pero si no se calma no lo va a lograr. Sigue siendo importantísimo por sus arranques, porque hala más marca, generando espacios, pero pareciera que el arco se le está haciendo muy pequeño, pues en situaciones claras ha definido como un principiante. Sin embargo, es inamovible y una fórmula que, cuando despierte, será determinante en las aspiraciones del grupo en instancias más complicadas. Ojalá y sea así.

Ahora se viene Suiza y desde ya la «marea amarilla», que ha bañado todos los estadios donde juega su selección, se moviliza para acompañar y hacer su aporte estratégico a esta campaña.

El equipo suizo es otro muy distinto. Ordenado al punto que prioriza su trabajo en bloque por encima de un ataque exuberante. Es un conjunto tipo «acordeón». Es decir, se recoge en el fondo y espera la oportunidad para estirarse con transiciones rápidas. Tiene la opción de ser dominante o entregar el esférico de acuerdo con el rival. Y por allí surge la duda: siendo un equipo capaz, ¿cuál será el plan para frenar el fútbol y la ilusión cafetera? Amanecerá y veremos.

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