El día que el terror nos doblegó

Cuando lees los relatos de aquel día, surge de nuevo aquella sensación extraña de temor, pánico e incertidumbre que vivimos quienes residíamos en la Gran Manzana. Era una mañana normal, agradable diría, pues el sol y un cielo claro avisaban de un día típico al remate del verano. La ciudad se enfocaba noticiosamente en las elecciones primarias y todo mundo iniciaba su alocado recorrido diario.

Cuando llegué a la cafetería de siempre, donde disfrutaba mi café mediano con un par de empanadas, vi en las chicas que me atendían una sensación de sorpresa. Al frente, de donde siempre me sentaba, un televisor revelaba las imágenes que CNN transmitía en vivo sobre el “pequeño” avión que, “accidentalmente” había impactado una de las Torres Gemelas (sur). “Que tristeza “pensé, mientras escuchaba los primeros relatos, muy escuetos, por cierto.

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En las calles, a cada minuto, los ciudadanos se agolpaban a presenciar lo impensable hasta ese momento y manifestaban su tristeza por las potenciales víctimas. Mientras tanto, los organismos de socorro llegaban con sus sirenas al centro del desastre agitando aún más el escenario de temor. Ver como las personas se lanzaban al vacío esperando un milagro ya que adentro todo parecía perdido, aumentaba la tragedia para quienes mirábamos sin poder pensar.

Sin embargo, cuando en vivo se ve como el segundo avión se acerca e impacta con furia la otra torre, el grito y el temor de quienes estábamos allí fue unísono. “Mierda, esto no es un accidente, esto es un ataque terrorista”, dijeron a mi espalda mientras la sangre se me helaba.

 

De ahí en adelante la ciudad de hizo un lio, pese a que todo transcurría en Manhattan. Correr a las escuelas a buscar los chicos se convirtió en una pesadilla. El tráfico enloqueció por todas partes. La gente solo pensaba en llegar a sus casas y refugiarse, sin saber que más podría pasar. Un tren, un puente, otra instalación importante, qué seguía pensábamos todos. Las llamadas de nuestros familiares y amigos queriendo saber cómo estábamos, si había alguna eventualidad o alguna tragedia directa convulsionaba más el ambiente. Que más tragedia que haber percibido de cerca como el terror cumplía su cometido.

Ver caer las dos monumentales instalaciones no solo nos hizo llorar, sino que depositó en cada residente un aire de desconsuelo y temor al máximo. El país más grande el mundo, la mayor potencia, la nación de todos, estaba siendo atacada por el exceso de confianza, por no prever nunca lo sucedido, por no suponer que los enemigos también estaban en casa.

Fueron horas terribles, pegados al televisor, escuchando un nuevo relato a cada minuto. Siguiendo de cerca el terror en su máxima expresión. La aparición de nuevos videos le añadía más morbo al fatídico suceso. Fue el caos total.

Hoy, quince años después, todavía duele ese momento y solo queda recordar a las 2983 víctimas. A los héroes caídos intentando superar lo inesperado. Solo queda recordar que ese día no solo cambió el mundo, sino un estilo de vida. Desde entonces el terrorismo sigue siendo un tema diario que nos acompaña en cualquier parte.

Es tal vez hoy el momento no solo para orar por los inocentes que fallecieron por la capacidad del odio y la estupidez, y seguir esperando que el orden y la cordialidad ocupen, algún día, un lugar primordial en cada cultura, siendo esto simplemente un juego de palabras sin sentido ante la realidad que vivimos.

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