Goliat se rinde ante los coreanos

ALEMANES AL PISO

Así como se desplomó el muro de Berlín, lentamente, a pedazos, en medio de la incredulidad de muchos y el llanto de otros, así mismo cayó la selección de Alemania frente a Corea del Sur en la fase de grupos. Impotente, sin fuerzas, con los focos fundidos, sin batería, con el alternador en corto, el radiador recalentado, sin dirección ni brújula; hecho un nudo total, mientras los coreanos, los del sur, los de ojitos chiquitos, rasgados y de baja talla, flacos y desgarbados, en su gran mayoría, se reían y lloraban con el alma concluido el épico encuentro. Ese mismo equipito, sin experiencia y limitado, a los que la estadística y muchos de nosotros solo le dábamos un 2% de probabilidades de ganarle al monarca defensor, ya tiene su capítulo aparte en la historia de los mundiales.

Los coreanos nunca se doblegaron y le dieron la estocada al encopetado soberano con vergüenza y empuje. Vieron de rodillas al primer equipo del ranking mundial de la FIFA, esa escuadra que se paseó por Europa destellando fútbol, robotizado, preparado y practicado de memoria en la fase de clasificacion. Sin un hombre desequilibrante para destacar, pero nutrido de gladiadores; respaldados en la fortaleza física y la gran estatura de sus componentes. A esa temible selección, la que nadie quería enfrentar, la favorita de casi todos para ir a la final, le ganaron los sureños. Si, es cierto, vencieron al equipo que no pagaba mucho en las casas de apuestas porque nadie dudaba de su potencial, de su indiscriminada pasión por el gol, por su enorme placer de aplastar y humillar a sus rivales; a esa selección teutona que ya no va más porque los mexicanos los hirieron en su orgullo y los asiáticos los remataron a base de huevos y sacrificio. A esa imponente selección se le acabó el Mundial porque los aztecas y coreanos le hicieron la vuelta, en un grupo que resultó estresante e impredecible, el más cerrado y estrecho, el de la muerte y nadie lo olfateó.

La jornada empezó con un México clasificado y casi se va de no ser por Corea, pese a tener dos victorias sólidas. Suecia, que era tercera en el arranque de la fecha, terminó primera porque rompió la disciplina de los aztecas y los sumió en el desespero, olvidándose del trago amargo que les brindó Toni Kroos días atrás en el último minuto. Alemania, que estaba a un gol de seguir en la lucha, como les pasó a los argentinos, se cansó de jugar al fútbol, pero con la pólvora mojada o alguna maldición en contra y hasta los mocos de Low Joachim se le agriaron. Por eso este grupo resultó indescifrable desde el arranque, porque lo impensado pasó. Porque es la única zona donde, hasta el momento, uno de los dos favoritos, que han sufrido todo tipo de mortificaciones en los otros grupos, no ha logrado avanzar en medio de sus telarañas. Si, es cierto, ya sé que Polonia tampoco cumplió con las expectativas, pero es que los polacos no se parecen en nada a los alemanes en el recorrido histórico de la competencia. Por eso Corea del Sur es hoy la noticia en el mundo y los latinoamericanos lo celebramos, porque mantuvo en carrera a uno de los nuestros pese a su traspiés.

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