Francia y Bélgica brillan para campeones, Croacia pelea una ilusión e Inglaterra el más discreto.

Para empezar les tiro un dato: hasta el momento, desde que iniciaron las fases de eliminación directa, no se ha utilizado el VAR. Es decir, no hemos visto a ningún árbitro dirigirse al cubículo especial para definir una situación en particular y no me gusta. No me gusta porque he sido defensor del video en el fútbol y estaba feliz con lo visto en la primera fase donde hubo situaciones resueltas y decisiones históricas que reversaron los errores de los árbitros, haciéndolos no solo más humanos sino menos víctimas de las sospechas y los comentarios tendenciosos, los cuales volvieron a ser parte del Mundial desde los Octavos de Final donde se han dado situaciones para evaluar y maliciosamente ignoradas.

Estamos a puertas de la final con cuatro selecciones europeas, algo que viene sucediendo desde 2006. Solo Argentina, en 2014, ha sido el único equipo suramericano en acariciar una final, de allí en adelante apague y vámonos, como sucedió en Rusia 2018, lo cual nos obliga a pensar por qué no estamos siendo protagonistas. Los tres únicos equipos modernos de nuestro continente, es decir que han evolucionado en cuanto a la velocidad y la técnica, son los cariocas, gauchos y chilenos, así estos últimos no hayan llegado a la cita orbital.

Los europeos, por su parte, entendieron que no solo el juego mecánico y la resistencia física eran suficientes para jugar y se han dado a la tarea de incorporar a sus filas grandes atletas y buenos futbolistas, lo que nos deja retrasados en comparación.

El toque y toque, intrascendente y lento, es un estilo mandado a recoger. Selecciones como España quedaron en evidencia en este torneo. Colombia, por citar otro ejemplo, tampoco pudo marcar diferencia con su afecto por el buen trato de balón y poca profundidad.

Rusia, que ya no está, la recordaré como la selección más divertida de esta prueba. Pese a sus limitaciones técnicas, fue un equipo frontal, aguerrido y siempre jugando para adelante, con velocidad, de manera asfixiante y sin especulaciones. Es este equipo, el de Rusia, el mejor recuerdo de algunas selecciones europeas que hoy han dado el cambio, sin perder su esencia. Por ejemplo Bélgica, Croacia y Francia, instaladas todas en las instancias decisivas. No menciono a los ingleses porque no pesan con su propuesta vieja, simple, robotizada y apegada a la táctica que obliga sus limitaciones. Están peleando un sueño, no les falta pundonor, pero de ese fútbol divertido, agradable y moderno tienen muy poco, ya que siguen trabajando con manuales arcaicos y recios, siendo la más pobre de las cuatro selecciones en contienda. De eso, lo digo claro, no me quedan dudas. Ni siquiera en ese país le apostaban a este combinado que hoy apela a marcar diferencia con la propuesta obsoleta, repito, que muchas escuadras europeas están intentando cambiar para reclamar protagonismo. Por eso tampoco brillaron Dinamarca, Suiza, Serbia o Suecia y mucho menos Islandia, que solo hallaron en sus libretos partituras tocadas en el ayer, con melodías que obligan al cambio sin mayores defensas o argumentos. Alemania es un caso aparte porque juega bien, es ofensiva pura, tiene jugadores muy técnicos, así la suerte no haya estado de su lado. Se va, mientras estuvo, como la selección que más acciones de gol generó en todos los partidos.

Francia tiene una camada de jugadores interesantes, todos ellos muy jóvenes, bien dotados física y técnicamente, muy capaces y con el DNA de los africanos, de donde provienen la mayoría de ellos. Es decir que, por prototipo, son otra cosa. Ganó el mundial virtual de la FIFA y ahora está a dos partidos de concretar el tácito vaticinio.

Bélgica busca redondear un campeonato perfecto. Se paseó por Europa llenando de goles a sus rivales con un promedio de 4,3 por encuentro; no desaprovechó partido y todavía sigue siendo la más contundentes de todas las escuadras que llegaron al Mundial. No ha perdido ninguno de sus cinco duelos en esta final, es la de mayor ofensiva por goles recaudados y tiene, sin duda alguna, la mejor contra ofensiva del torneo. Son letales cuando se desdoblan con velocidad en busca del pórtico rival. Saben, con precisión, cómo y dónde deben estar sus jugadores para lastimar. Además, como añadido extra, poseen la capacidad de rematar de media distancia con potencia y certeza. Tuvieron suerte con Brasil, pero han ganado con justicia, pese a que Japón los tuvo pariendo hasta el último minuto y fue allí donde mostraron lo que un campeón puede hacer.

Croacia, que también ha tenido una prueba decorosa, debe tratar de reponerse al intenso desgaste físico, cosa que le favorece a los ingleses. Los croatas han llegado a semifinales con dos sustos enormes ante Rusia y Dinamarca, siendo el único equipo que, hasta el momento, está en semifinales después de ganar el pase desde los doce pasos. Sin embargo, para ser claros, como colectivo e individualmente, ha sido un equipo que está en esta ronda porque ha mostrado argumentos sólidos y serios. Tuvo suerte, claro, pero el resultado final no debe opacar lo futbolístico mientras sigan en competencia, ya que cada partido que jueguen cambia el análisis global de la participación, como no sucede con aquellos oncenos que ya están en casa viendo el cierre de la prueba por televisión.

 

 

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