!Sucio, Camargo!

GABRIEL CAMARGO.

Destempladas y dañinas, así se pueden considerar las declaraciones de Gabriel Camargo, presidente del conjunto colombiano Deportes Tolima, quien hace pocos días, en una improvisada rueda de prensa, aseguró que las jugadoras de fútbol beben más que los machos y sostuvo que la liga profesional femenina no es otra cosa que “un caldo de cultivo del lesbianismo”.

Al señor Camargo, que de político tiene poco, pese a que ha hecho parte de su vida pública como funcionario, no se imaginó que con sus displicentes palabras comprobó, una vez más, la crueldad de géneros que se vive en un país marcado por un machismo acérrimo.

Al directivo se le olvidó, entre otras cosas, que en Colombia hay una mujer que, en promedio, muere cada once horas y no precisamente por un llamado divino o accidente de tráfico, sino por ser víctima de la violencia masculina que las acosa.

Para empeorar el tenebroso escenario, recientes cifras confirman que son más de dos mil mujeres las que a diario (léase bien), resultan afectadas por algún tipo de maltrato físico o psicológico. Una cifra escandalosa en un país que se estanca en la mediocridad de varones machistas, lastimeros y cobardes. Lo peor de todo es que en muchos casos esta tendencia goza de la complacencia silenciosa de los ciudadanos.

Por tal razón, entendiendo lo que somos y de dónde venimos, es que no se pueden admitir las declaraciones del señor Camargo quien con sus palabras menospreció no solo a las jugadoras de fútbol del país, sino que insultó al resto de la población femenina dejando en evidencia el desprecio y el mal trato que reciben las mujeres en su deseo de progresar, reclamar y adquirir los mismos derechos de los hombres.

Si ellas de verdad toman trago y son lesbianas, igual que lo hace cualquier varón homosexual, poco o nada tiene que ver esta orientación o preferencia con lo deportivo. Pero claro, como la liga femenina lucha por mantenerse en medio de las súplicas y el desconsuelo, mendigando un patrocinio estable que las ha obligado a luchar con una férrea resistencia de los clubes profesionales, entonces hablar mal de ellas o decir lo que le parece y a nadie le importa, resulta lo más sencillo para desacreditarlas y menospreciarlas.

Estas desafortunadas afirmaciones son, sin lugar a duda, una manifiesta segregación que duele y humilla peor que una bofetada en la cara. Si el campeonato femenino tuviera una amplia aceptación entre la afición y gozara de un buen mercado, poco importaría la preferencia sexual de las jugadoras porque para el directivo lo menos complicado fue poner en evidencia el poco valor que tiene por las mujeres deportistas en este caso particular, como un malestar general ante la imposición de la Conmebol de tener un equipo de mujeres si quiere que su equipo pueda jugar la próxima edición de la Copa Libertadores de América. ¡Sucio, Camargo!

 

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