La Superliga europea: Aquí no clasifican “pobres”

Los clubes más ricos de Europa le apuntan a su propio torneo: millonario y excluyente

El anuncio de una Superliga europea no es algo nuevo. Lo novedoso es, quizás, que los grandes clubes de Europa por fin se hayan decidido a oficializar una iniciativa que tiene como mínimo dos lustros y que siempre ha sido impulsada por el presidente madrileño Florentino Perez.

Esta división en las más altas esferas, porque lo es, no es otra cosa que la muestra palpable de que algo no anda bien entre los directivos del balompié del Viejo Mundo quienes, por dinero, son capaces de sepultar hasta la madre y de eso (dinero), en esta encrucijada hay mucho en juego.

Esta iniciativa de independencia, a todo nivel, es la clara manifestación del poder absoluto de algunos clubes de Europa que, a la hora de la verdad, son los que condensan los mejores jugadores del mundo, los más costosos y, por ende, las nóminas más escandalosas. Es decir, por lo alto tienen: ego, plantillas, salarios e infraestructuras y presumiblemente el mejor fútbol. ¡Ah! eso sí, para no ser tan injustos, y en un acto de franca humildad y generosidad, los integrantes originales de la Superliga invitarían a cinco equipos adicionales para que se unan a ellos de acuerdo con criterios de rendimiento preestablecidos y concretar la cifra de veinte participantes (es decir otros grandes que no alcanzaron a ser tan grandes como ellos).

¿Pero cuál es la finalidad de esta competición?

La prioridad es que los equipos de mayor peso deportivo y monetario, en todas las áreas, se vean las caras anualmente para que cada uno demuestre lo que tiene de distinto este año con respecto al anterior (algo así como el torneo del ego mundial donde no hay espacio para limosneros).

Doce de estos quince clubes están asegurados (que son los fundadores) y tres plazas más estarán disponibles para Bayern Múnich, Borussia Dortmund y PSG (aún no se deciden), sin importar como les vaya en sus ligas donde, de acuerdo con las principales federaciones, y como una sanción ejemplar, no entrarían a participar por este acto de rebeldía y manifiesto interés particular. Ósea que, en España, por ejemplo, ni Barcelona, Real y Atlético Madrid (los tres de este país pertenecientes a las Superliga), estarían en “La Liga”, y así sucesivamente en Italia, Inglaterra etc.

Es cierto que, de todas las competiciones de la UEFA a nivel de clubes, la más atractiva es la Champions porque en ella se condensan los grandes clubes que hoy se han revelado y cumplieron su amenaza. También es cierto que cada año, cuando en la Champions se empieza a depurar el camino hacia el título, siempre quedan los mismos clubes, aunque nadie puede negar la alegría que produce cuando algún club “ordinario” se logra colar en instancias decisivas con base en un buen futbol y mucho pundonor irrespetando, de paso, a los intocables de Europa.

Es el caso, por ejemplo, de Steaua de Bucarest en 1986, que se convirtió en el primer club rumano en ganar la Copa de Europa (como se conocía a la Champions en la temporada 85/86), dejando en el camino al Anderlecht de Bélgica, entre otros, para llegar a la final contra el FC Barcelona al cual derrotó en la tanda de penaltis.

La historia de la competición también muestra otros conjuntos como Mónaco, Borussia Dortmund y Tottenham que, con base en su buen juego, lograron llegar a finales, pero lamentablemente no pudieron dar el histórico paso.

Con todo lo anterior queda claro que, de seguir la idea de la Superliga (todo parece que es un hecho irreversible), ninguno de estos conjuntos “milagrosos o rebeldes” podrá tener acceso o aspiraciones para competir con los grandes jerarcas del balompié europeo ya que ellos estarán haciendo su propio negocio en la burbuja que pretenden crear.

¿Pero entonces sería viable o agradable ver una Champions sin los grandes clubes?

Expertos le apuntan a que, con el nacimiento de la Superliga, la Champions ya no sería viable. Pero aquí la UEFA y las ligas nacionales deberían darle un mayor estímulo para que la histórica competición se mantenga, si de verdad piensa aplicar las sanciones estrictas que han anunciado.

Una Champions sin los grandes equipos de Europa tal vez no sea lo mismo como sucede con la Liga de Europa, donde los clasificados son aquellos conjuntos que tuvieron un desempeño aceptable en las ligas nacionales (del cuarto a media tabla). Sin embargo, qué de malo hay en ver nuevos monarcas en España, Inglaterra, Italia etc., y disputar una Champions tal vez más discreta, pero más competitiva y pudorosa, y de paso nos divertimos con el circo propio montado por los poderosos para estimular sus ínfulas narcisistas.

Vale anotar que los manuales empresariales confirman que nunca las grandes empresas han triunfado cuando las partes involucradas solo piensan en ellas individualmente y no colectivamente, como es el caso de este selecto grupo de aburguesados que tarde o temprano entrarán en discordia.

No cabe duda de que el interés de estos clubes radica en el dineral que recibirían por derechos de televisión (son los equipos que el mundo quiere ver), y por ser los que mayor número de aficionados tienen en las tribunas cada vez que juegan. Pero, para ser precisos, todos los años viendo a los mismos, sin mayores opciones, resulta hasta aburrido pensarlo. Claro, se puede decir que es exactamente lo mismo que viene sucediendo hasta hoy y queda reflejado en la tabla histórica de la prueba, pero la esperanza de que algo cambie o de que la oportunidad es para todos, le da un matiz distinto a la esperanza y no a la seguridad de ver a los mismos con las mismas.

Estos clubes tan encopetados no se pueden olvidar que, así como tienen muchos seguidores, hay otro número igual o mayor que los detestan por acaparadores y opresores escudados en su potencial económico. De allí que los mejores jugadores tengan valoraciones que solo ellos pueden satisfacer. Son ellos, los encargados de tener un mercado saturado en precios y a punto de reventar sus propias arcas.

La más tradicional de las competiciones europeas está en jaque. La UEFA y las federaciones nacionales, junto a la FIFA, tienen la obligación de reestablecer el orden o sucumbir a la tentación.

¿Hay alguna sanción más?

Si esta tormenta que se ha armado, de verdad se cristaliza en la primera edición de la Superliga, como parece que va a ser, repito, entonces otra medida disciplinaria que posiblemente se active contra los grandes clubes es la posibilidad de que los jugadores no puedan actuar con sus respectivas selecciones en grandes vitrinas competitivas como la Eurocopa, por ejemplo. Y si a todo esto se une la FIFA (que es donde está el éxito o el fracaso de la trama), entonces es casi seguro que al Mundial no irán las grandes y millonarias “vedettes” del balompié.

Muchos dirán que los jugadores no son culpables pues ellos juegan donde mejor les paguen, pero de llegar a verse esta instancia de ordenanzas contundentes, entonces se verían obligados a elegir a que club se marchan por encima del dinero, si es que la parte deportiva les importa. Por ejemplo, los jugadores suramericanos no tendrían este problema (a menos que FIFA lo decidiera), lo que abriría un mercado con mayores incentivos económicos para los deportistas provenientes de estos países.

¿Cómo se jugará la Superliga?

La primera fase de la competición será de dos grupos con diez equipos cada uno en partidos de ida y vuelta. Cada equipo se enfrentará dos veces al mismo rival. Una vez terminada la fase de grupos, los tres primeros clasificados accederán directamente a cuartos de final. Los cuartos y los quintos clasificados de cada grupo jugarán una serie adicional con partido de ida y vuelta y los dos vencedores se clasificarán para cuartos.

Los cuartos y semifinales se jugarán a doble partidos, y la final será a partido único en una sede neutral.

Si no hay reversa, la Superliga comenzará a jugarse en el mes de agosto y la final está previsto que se dispute a mediados de mayo del 2022. Los partidos se jugarían entre semana dejando los fines de semana para los torneos domésticos, como viene siendo habitual, si es que todavía tienen liga nacional para disputar. En caso contrario tendrán que crear sus propios torneos y pagar los incentivos para los oncenos que se les quieran unir (por eso las federaciones nacionales deben ser radicales en su postura).

¿A quién perjudica la Superliga europea?

Aparte de la Champions (que no volverán a jugar los soberbios porque para eso ya tienen su prueba), las ligas nacionales también se verán afectadas por los derechos televisivos, ya que se pagará más por los partidos de la Superliga que por los de las competiciones domésticas. Eso implica que el resto de los clubes que no disputen esa competición también se verán afectados en mayor o menor medida, entre ellos oncenos tan tradicionales como Benfica, el Ajax o el porto entre otros.

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