¡MENTIROSO FLORENTINO!

Florentino Pérez, líder de una propuesta elitista en el fútbol mundial.

Por: Jairo Alberto Castrillón (Geniale)

Cuando veía la entrevista del presidente madrileño, Florentino Pérez, realizada por el “Chiringuito” de España, esperaba que la nariz le creciera como le sucedía al personaje de palo, cada vez que decía mentiras, del popular cuento que escribiera el brillante Carlo Lorenzini.

Y mientras más hablaba el presidente merengue, más claro quedaba en el ambiente que esto es solo cuestión de dinero. De ingresar unos jugosos fondos para poder mantener sus encumbradas pretensiones, esas mismas que él, junto a los otros presumidos dirigentes, han puesto el mercado futbolístico a niveles nunca vistos, a punto de reventar.

Desde las taquillas para ingresar a los estadios, las camisetas deportivas, un bocado de comida para llevar a las gradas y todo lo demás que rodea al futbol, lo único que se necesita cada vez es más dinero. Para que una familia londinense de cuatro miembros, por ejemplo, pasen un rato ameno en el estadio deben tener disponibles entre 300 y 500 libras.

Pero el popular Florentino no quiso afirmar que esta idea de la Superliga no es algo nuevo y mucho menos una situación forzada por la insoportable pandemia como pretendió hacerlo creer a quienes no hayan estado enterados de la movida. Ahí, en ese momento, le debió crecer la nariz por lo menos una pulgada, ya que esta idea de crear un club exclusivo para los más poderosos equipos del planeta, esos que se dan el gusto de tener las mejores plantillas y comodidades, es una imagen que flota en el ambiente desde hace no menos de quince años.

Añadió, entre otras cosas, que son estos clubes los únicos que pueden dar espectáculo y que responden a las expectativas del aficionado. Lo que omitió el presidente es que, en el fútbol, por encima de la empresa en la que se ha convertido, todavía reina el deseo de la competencia.

Afirmó, sin ruborizarse, que sería este selecto club el receptor de una cantidad pesada de dinero y de allí, en un gesto de solidaridad, que suena mas a caridad de benefactores baratos, los equipos chicos, que sostienen una pirámide que ellos mismos crearon, recibirían una ayuda discrecional (migajas han dicho algunos).

Pensar en que su visión de negocios, tras la recepción de un grueso capital por derechos de televisión, que supondría, según sus palabras, unos 350 millones de euros para cada uno de los 15 elegidos, le permitirían vestir de blanco, por ejemplo, a Mbapé y Harlaand en ese deseo permanente de acaparar lo más selecto, no suena atrevido y mucho menos desquiciado. Qué tal se vería tan caudaloso tesoro repartido entre ellos, para que en un inagotable ir y venir, se distribuyan a su antojo los mejores jugadores y el jugoso capital, mientras los de abajo deben observarlos pues la Superliga ya está rifada entre ellos confirmando, tajantemente, su concepción elitista y excluyente.  

Se equivoca Florentino al aseverar que ellos son los que generan una expectativa total, pues la misma tiene raíces más profundas amparadas en la tradición de la misma competencia. Por qué quitarles a los aficionados mas sencillos la posibilidad de soñar con ir a enfrentar un Goliat. Porqué, en Holanda, Suiza, Suecia o Rumania, por ejemplo, los seguidores que igual pagan por sentarse en las gradas no pueden ver al club de sus amores enfrentar con ilusión a estos intocables. Quién es o son, mejor dicho, estos directivos para quitarle a ellos ese derecho cuando su sencillo equipo supo triunfar en el torneo nacional.

Se equivoca el presidente merengue al afirmar que son sus clubes los que todo mundo quiere ver. ¡Falso presidente! Son los equipos que toca ver porque todo lo tienen y lo acaparan; porque con sus gruesas chequeras lo rompen todo y por momento se generan cargas impositivas que hoy los tienen buscando alternativas apegadas a la necesidad del rico que le duele comulgar con la pobreza, o dejar de ser un poco menos adinerado.

Con este nuevo movimiento, con el cual pretenden salvar el fútbol (así lo dijo), solo han confirmado que su visión los lleva a pensar de manera egoísta y ambiciosa. No se cansan de oprimir a los clubes de menor rango con lo que existe en la actualidad, sino que lo quieren todo.

Ahora, por si fuera poco, tampoco se inmutó al sostener que, en un acto de gallardía, les permitirían a cinco clubes, de todos los que abundan en los cincuenta países afiliados a la UEFA, para que se les unan anualmente evaluando sus méritos deportivos. ¿Quiénes son ellos para definir quién va o no? ¿De dónde les llegó el poder para semejante improperio? A todos ellos se les olvida que, así rueden ríos de dinero en este monumental negocio, la competición debe primar como un derecho añadido y no como un privilegio acomodado a las urgencias o deseos de unos pocos.

Si lo que quieren es dinero, entonces hablen con las entidades, formulen acuerdos, pero no quieran dar un “golpe de estado” y generar una dictadura futbolística, porque el mundo está cansado de esas manifestaciones absolutistas y descalificadoras. Cómo se divertiría el maestro Lorenzini describiendo la nariz de este personaje que hoy, más que nunca, está embriagado de poder y dinero.

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