Colombia hace su tarea en Lima y entra en la pelea

(Por: Jairo A. Castrillón)

Colombia jugó contra Perú un partido inteligente desde el principio hasta el fin, por varias razones. La primera, porque los antecedentes al compromiso no eran los mejores y esto obligaba a tomar los recaudos apropiados. Se venía de recibir dos aparatosas derrotas ante Uruguay y Ecuador, lo cual no solo generó una muy mencionada crisis al interior del equipo, sino que minó el ánimo de todos: de la prensa, los aficionados y bueno ya ustedes saben el resto.

Segundo, la debida salida de un técnico extranjero que llegó como salvador y se fue por la puerta de atrás, sin pena ni gloria, junto a la aparición de un hombre como Reynaldo Rueda, versado y bien preparado que conoce al jugador colombiano, pero que empezó a recibir todo tipo de improperios -como no se cansaron de hacer los chilenos cuando dirigió allí- porque no convocó a los jugadores que cada uno de los 40 millones de técnicos tenía en la cabeza y, por supuesto, los especialista en la materia. Es decir, sin jugar, ya el ambiente estaba caldeado y los gases del sinsabor empezaban a volatizarse en el ambiente, generando una combustión negativa, cuando deberíamos estar todos expectantes, confiados y positivos.

Por último, las dificultades para trabajar adecuadamente al grupo, con un margen de tiempo apremiante debido a los problemas sanitarios ya conocidos, junto al contrapunteo con James Rodríguez quien ya estaría hoy al 100% pero no al 500% como lo dijo el técnico, aludiendo al compromiso con el combinado patrio de sus convocados y nada que ver con su condición física, para quienes tal vez no entendieron el mensaje del estratega en la primera rueda de prensa.

Mateus Uribe, imagen de una Colombia con ganas de recuperar protagonismo.

Ya en el desarrollo del partido, los cafeteros plantearon un duelo no solo adecuado, sino inteligente. A pesar de la necesidad, salieron a mirar qué quería un rival que estaba más urgido que ellos, y poco a poco empezaron a dominar no solo el esférico, sino a tejer sus opciones de la mitad de la cancha hacia arriba, siendo la segunda fracción mejor que la primera.

Para que todo lo anterior se desarrollara adecuadamente, es importante destacar el oficio del conjunto en general. En la cancha cada uno de los componentes salió con una misión y un compromiso serio para cumplir. Dos factores determinantes para lograr la meta, pues fue evidente que en todos los sectores hubo una alta cuota de sacrificio, lucha y pundonor. En esta salida no existió una estrella central, y mucho menos alguien que quisiera sobresalir a los demás. Juan Guillermo, un jugador distinto, se movió con precisión, aportó su clase, pasó largo cuando se necesitaba descongestionar y se descubrió como un volante recostado a la banda, hábil y capaz, pese a que le dieron con ganas, pero nunca se arrugó.

Es claro que, pese a jugar con inteligencia, por momentos el fútbol no fue el más vistoso, pues cuando se tiene la pelota la idea es golpear al rival con ella y sorprenderlo, pero después de haber consolidado una victoria 3×0 en el desarrollo de 60 minutos, la prudencia obliga a quitarle al rival el “arma” para que nos ataque. Por eso tanto pase atrás que parecerían infructuosos, pero que sumaban segundos mientras los peruanos no encontraban la manera de adueñarse del útil.

Con esta ventaja, el técnico, en su conocimiento, se da cuenta que la tarea está bien hecha y decide cuidar a sus titulares. Por eso saca a Muriel y Zapata, para darle paso a Borré y Borja. Con ello no solo se les dio minutos a los hombres del banco, sino que se evitó alguna lesión inoportuna. También hizo variantes en la mitad, pero el equipo no se descompensó nunca lo cual es un síntoma positivo.

Muchos aficionados que pese a la victoria no pudieron ocultar su malestar por la propuesta exhibida, deben medir su ánimo folclórico y detenerse a pensar que los tres puntos no solo recuperaban al equipo en el acumulado, sino que le permitían reducir una desventaja en el gol diferencia que, en un torneo tan reñido y apurado, en cualquier momento puede ser un ítem determinante. Se sumaban tres valiosos puntos, y así mismo se reducía una cifra que sigue en contra, de allí que lo acertado era proteger el recaudo y buscar algo más si las circunstancia y el rival lo permitían, cosa que no sucedió, pero tampoco nos lastimó (un gol en contra hubiera sido una gran pérdida en tan sólida victoria).

Si algunos aficionados se quedaron esperando un equipo vertiginoso y profundo, ofensivo y punzante, como los aprecian en las jornadas europeas cada semana, sepan y entiendan que esa no era la labor de este encuentro, aunque el libreto tendrá variantes cuando se enfrente a la Argentina o Chile que son equipos más físicos, veloces y con una mayor tendencia europea. De ahí la importancia de tener elementos acostumbrados a nadar en estas aguas y que esperamos estén a la altura cuando midan su potencial.

Siendo todos los componentes importantes para la victoria, no puedo ocultar preocupación por el sector de Tesillo. Muchos lo vieron bien, sin embargo, me quedaron algunas dudas sobre su aporte real cuando el rival tenga mayores pergaminos para explotar las bandas, que no fue el caso de los peruanos. Medina, en el otro sector, fue mucho más efectivo en la dualidad de funciones cuando se le exigió.

En el fondo, el grupo cumplió y aportó en ofensiva con el gol de Mina (explotando su gran talla) y un Davison Sánchez muy atento. La zona de recuperación estuvo acertada no solo en marca, relevos y entrega del útil, sino que también se hizo presente en el marcador con un cabezazo impecable de Uribe y la grata presencia de Gustavo Cuellar quien con su rendimiento confirmó que Rueda sabe y confía en lo que tiene (nadie lo hubiera puesto de inicialista por las estadísticas y bla, bla, bla). Arriba Zapata batalló y generó espacios, mientras que Muriel rompía con arranques veloces desde atrás (donde también aportaba en marca), y un Luis Diaz picante, escurridizo que no solo fue el primero en avisar, sino que marcó el mejor gol del partido.

La no presencia de James, como enganche y manejador neto, dejó ver que el fútbol moderno ha evolucionado para ir eliminando tristemente esta figura que siempre ha sido rodeada de magia y talento y que tanto nos gusta. Pero, para confirmar la visión del estratega, la convocatoria de Edwin Cardona a último momento nos deja entender que un lanzador neto será alternativa en la medida que un partido lo necesite y no porque el equipo dependa de él (así que los que esperaban una derrota para cobrar por ventanilla, en esta ocasión, por lo menos, se quedaron esperando).

Colombia ganó y sumó que era el cometido y toma un segundo aire, con un grupo humano sólido y atento, concentrado y dispuesto. Ahora le toca enfrentar el martes a una Argentina que siempre es peligrosa y que medirá cosas nuevas en el equipo de Rueda, quien ya prepara con diligencia su próxima salida.

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