!The New All Mighty! Estados Unidos gana la Liga de Naciones con un grupo de jóvenes que ilusionan al país.

Promedio de 21 anos. Esa es la edad de la selección de USA que ilusiona con volver a ser protagonista de la CONCACAF

Empecé a mirar el partido por curiosidad (muy tarde para mi rutina nocturna), terminando cautivado por la intensidad, emoción y entrega de los dos seleccionados en competencia. Fue un duelo apasionante, repleto de todos los ingredientes necesarios para divertir como tendría que ser en cualquier lugar del mundo donde los aficionados paguen para ver un partido de verdad. Era la final de un novel torneo denominado Liga de Naciones de la Concacaf, a donde llegaban Estados Unidos y México después de superar en semifinales a Honduras y Costa Rica, respectivamente, con un ingrediente que lo hizo súper especial: había más de 37 mil personas en las tribunas, ¡qué cosa más bella!

El pasabocas de entrada fue un gol conseguido por Miguel Corona a tan solo un minuto del pitazo inicial. No terminaban los espectadores de ubicarse en las sillas, cuando el grito de gol desgarraba las gargantas de los aficionados mexicanos. Fue sin duda un error del defensor Mark Mackenzie (cedió el útil sin convicción), combinado con un anticipo extraordinario del jugador azteca Jesús Manuel Corona, quien definió sin piedad y con una rabia que casi le roba la oreja al arquero Zack Steffen cuando cubría el palo derecho.

Todo hacía suponer que la rapidez del juego y los yerros de los muchachos americanos, que lucían inseguros, decantarían en una goleada, pero nada más lejos. El conjunto de Greg Berhalter se llenó de orgullo y personalidad, logrando equiparar las cargas y con una presión asfixiante empezó a buscar lo suyo. Sin embargo, a los 23 minutos, un gol de tiro de esquina, que confirmaba los errores que debe corregir el joven cuadro estadounidense (mal tomadas las marcas), permitió que rematara de cabeza Héctor Herrera y decretara el dos por cero. Al final, con una aplicación adecuada del VAR por fuera de lugar, el tanto se anuló y las cosas siguieron su trámite.

Para sacudirse de la sorpresa, los desaciertos y de paso recuperar la confianza, tres minutos más tarde, tras un cobro de esquina de Pulisic (quien no había figurado), un remate de cabeza de Weston McKennie (Juventus), se estrella en el palo derecho de Memo Ochoa quedando la pelota flotando para que el talentoso, Gio Reyna, decretara la paridad con un remate frontal y sin obstáculos.

El primer período concluyó con la necesidad de tomar algo para el mareo, pues la velocidad impuesta era tipo fórmula uno. Ya en la complementaria, sin cambio alguno, los equipos sienten el rigor del gran esfuerzo, dosifican mejor el aire, pero igual mantienen el deseo de buscar el título. Hubo que esperar a doce minutos del final para que el joven Diego Laínez, quien llevaba dos minutos en la cancha, confirmara con su pierna izquierda la habilidad que posee (otra vez sin ser referenciado en marca). Recogió un servicio de Lozano por derecha, quien había movido toda la defensa anglosajona, y después enganchó hacia adentro, caminó unos cinco metros con un par de hombres que intentaban reaccionar, definiendo a ras de piso un balón que se filtró al palo izquierdo del meta americano.

Era el dos a uno y ganaba un equipo que merecidamente estaba en busca de la gloria. Pese a todo, tres minutos más tarde (recién se sentaban los aficionados de celebrar), tras otro cobro de esquina, esta vez los mexicanos se quedan “clavados” en defensa y facilitan que Mckennie meta otro frentazo limpio abajo, al palo izquierdo de Ochoa quien llegan un poco tarde (dos minutos antes, también de cabeza, Memo le había sacado una pelota con sello de gol de manera espectacular). La pizarra la emparejaba el otro onceno que también quería ser el monarca, porque esa fue la realidad: ambos equipos agotaron el combustible en procura de la victoria.

Christian Pulisic le pegó con ganas a una pelota que selló el titulo de USA en la Liga de Naciones

En el tiempo de alargue (107 minutos), una carga desmedida de Salcedo sobre Pulisic genera una falta que no pitó el árbitro, inicialmente, pero que pudo confirmarse con el VAR. La falta existió y fue clara, así muchos expertos mexicanos digan lo contrario. Una cosa es mirar y decretar sin pasión, otra con el corazón lastimado por el dolor de una eventual derrota (cuatro minutos duró la deliberación del VAR).

No solo fue el mismo Pulisic el letal cobrador, llegando de Europa tras campeonar con su equipo y acertando con un remate arriba, fuerte y con convicción, sino que celebró con rabia frente a la tribuna el tres por dos transitorio

A dos minutos del final del alargue, como si fuera poco y después de otro tiro de esquina (para variar), el cual fue cobrado en corto, se produce un remate al piso de Luis Francisco Romo que pega en la mano de McKenzie (también inapelable el contacto), la cual fue confirmada por el VAR, una vez más, y de allí la tragedia infinita cuando el veterano José Andrés Guardado cobra a ras de piso buscando el palo izquierdo del debutante meta, Ethan Horvath (arquero del Brujas de Bélgica, quien reemplazó a Steffen por lesión), y este lo contiene para defender no solo la victoria de los jovencitos americanos, sino para sellar la primera gran victoria del combinado de las barras y las estrellas en la época Berhalter, quien sigue recibiendo críticas por su falta de pergaminos históricos para dirigir y procurar un cambio sólido en la escuadra nacional.

La nota mala, porque lo es, es el pobre nivel educativo y mental de algunos aficionados mexicanos, quienes demostraron que el fútbol no necesita seguidores de esa clase. En primera instancia porque arrojaron botellas y vasos a la cancha cuando los americanos celebraban alguno de sus logros (tampoco se aplaude la provocación de Pulisic con el dedo en la boca en el tercer gol). Qué vergüenza nos produce a los latinos que vemos el deporte de otra manera (hubo cinco arrestados que recibirán cargos crimínales).

Segundo, y peor que lo anterior, es cuando la Concacaf aplicó el reglamento suspendiendo el partido por el grito discriminatorio de ¡Putos! ¡Putos! Algo que está prohibido y que le pudiera costar, en algún momento, un partido a la selección mexicana si sus seguidores no entienden que la pasión y el amor por una divisa no tiene que ver nada con la vulgaridad plena.

Al final triunfó el fútbol con dos equipos generosos, donde ganó el más afortunado de ambos. Algo que llena de alegría a los americanos, pero deja un sabor amargo y duros ataques al técnico Tata Martino. Sin embargo, para ser justos, más allá de lo que le pueda doler al mexicano esta derrota que no confirma la grandeza del equipo, como a ellos les gusta, pues son potencia de la zona, la verdad es que tienen un equipo que juega y divierte mucho con la pelota. Un muy buen equipo diría yo, que me trasnoché esperando que ganara al que mejor le salieran las cosas, pues los méritos fueron ampliamente compartidos.

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