
Por: Jairo A Castrillón (Geniale)
Néstor Lorenzo, por fin, dio a conocer la lista de jugadores seleccionados para representarnos en el próximo Mundial. Tras conocerse la convocatoria, han sido numerosas reacciones de distintos sectores de opinión. Que fue aquel y no este otro; que faltó fulanito por mengano, etc. Todos los sentires muy respetables, pero más allá de si fueron o faltó alguno, lo importante es concentrarse en lo que viene, ya que muchos dan por sentado que Colombia jugará un cuarto partido y están confundiendo el horizonte, como sucedió en 1994, donde éramos campeones sin jugar el primer partido.
Por encima
Mirando por encima las cosas, y para no entrar en debates absurdos, hay tres jugadores de la lista a quienes los números, en algún renglón, los traicionan.
El primero es James Rodríguez. Por encima de que es la postal del equipo, su actividad en el primer semestre del año es de 3 partidos jugados de 8 en los que estuvo disponible para su equipo (solo uno como titular). De esos 8 partidos, 6 fueron por jornadas de la MLS y 2 por la U.S. Open Cup.
Aparte de los 110 minutos que tuvo de competencia, su trabajo de acondicionamiento fue la prioridad, pero hay que ver cuáles son las condiciones reales cuando a las piernas les falta fútbol.
Su presencia en la tricolor se justifica por el peso mediático que representa y porque el técnico se la juega por él. Si fuera por estadística, no estaría incluido porque la ausencia de ritmo competitivo, pero será el diez quien tenga que probar el porqué de su inclusión.
A Yerry Mina lo traiciona la historia de lesiones recientes. Ha tenido de todo: desde problemas de tobillos hasta pantorrilla, muslo y rodilla, con más de 30 episodios documentados desde 2017.
Con su equipo, el Cagliari, jugó 26 partidos con una media de 6.7 de calificación (lo cual no es malo), aunque por debajo del 7.1 que tuvo en la temporada 24-25. El interrogante lo abre la exigencia de la prueba, el desgaste de la temporada para un par de piernas que se resienten con facilidad. ¿Aguantará el Mundial?
Y lo de David Ospina, más allá de su injerencia en el grupo, es un reconocimiento y nada más. Lo llevan para que anime en el camerino, pero es poco probable que sea titular en algún partido. Estuvo en la Liga BetPlay, pero a ese nivel nadie le apuesta nada (que la gente no quiera ver el nivel de su liga es algo muy distinto a como la miran desde afuera). Mejor, en números, que todos ellos, estaba Jhon Jáder Durán (30 partidos de liga, 7 goles, 3 asistencias y 1451 minutos jugados).
Un poco más profundo
Mirando el panorama con un grado mayor de profundidad, el equipo sigue sin resolver quién es el extremo por derecha de manera definida. Jhon Arias siempre lo fue en los equipos brasileños, pero Lorenzo lo pone a jugar por dentro para mermarle la carga a James. Si la idea es proteger un elemento que llega sin ritmo, el problema no es quiénes están en la lista, sino cómo se diseña el equipo para que juegue, y allí hay dos cosas muy distintas.
Debido a esta situación, es que el llamado de Kevin Castaño ha causado malestar porque tácticamente es el escudero de James, y si el diez no trasciende, la presencia de un irregular como Castaño no tiene justificación. Su realidad en River no ha sido buena, donde apenas alcanzó 5 partidos en la grama, sin goles ni asistencias. La primera parte del 25 fue correcta (sin ser destacada), pero entró en una montaña rusa de picos bajísimos y moderados.
Es decir, que si Colombia va a tener dependencia estructural por lo que hagan James o Lucho, y por ahí ninguno de los dos se enchufa, esto sería considerado como una gran debilidad dentro de una estructura colectiva, frente a una serie de rivales que ya los tienen analizados (Francia y Croacia los dejaron en evidencia).
Por esta razón se debe mencionar a los rivales, porque Colombia, en el grupo K, enfrenta a Uzbekistán el 17 de junio, a la República Democrática del Congo el 23 y el 27 (cuatro días más tarde), a Portugal. En este grupo el problema no es cuadro luso sino el orden de los partidos. Si por ahí Colombia no gana con comodidad (como muchos creen) los primeros dos partidos, llegar buscando un resultado con Portugal sería casi lapidario y, después de lo sucedido en marzo contra croatas y galos, es claro que la defensa cafetera es un punto flaco en el funcionamiento del equipo, especialmente por sus centrales sin discusión. Aquí la idea no es crear un equipo pensando en que todo va a salir bien; la clave es generar variantes por si nada de lo planeado sale como se esperaba.
Además, para que no se olvide, cinco jugadores de este grupo estuvieron en Brasil 2014 (Santiago Arias, David Ospina, Camilo Vargas, James y Quintero), mientras que del 2018 sobreviven cuatro jugadores más (Davinson, Mina, Mojica y Lerma). Es decir, aunque muchos se lo crean, 9 de 26 es un reflejo de una renovación cuestionable en sectores neurálgicos y eso merece una reflexión. Porque decir que el 34% de la plantilla está “vieja” o sin el mejor presente, es admitir que el sucesor de Pekerman no asumió muchos riesgos.
Para eso debemos tomar ejemplos de colectivos como Francia, España o Alemania, que entendieron que la renovación puede causar un bache, pero cuando regresan a la escena lo hacen de manera brillante y renovada. Colombia no, porque en Qatar no estuvo, y todavía quedan pedazos de los mundiales previos y, aunque parezcan detalles menores, créanme que esos son los que eliminan selecciones.

El fondo
Ahora, viajando a otras profundidades, debemos analizar los rivales y entender que aunque Uzbekistán aparece como debutante y primerizo, tiene un técnico como Fabio Cannavaro, que no vende nada al por mayor. El promedio de edad es de 27.1 años y el 33% de la plantilla juega en el extranjero.
Como colectivo le gusta jugar con un bloque bajo y saben cómo defender un cero o una mínima diferencia, con un impresionante desgaste físico y sacrificio. Tienen a un central como Abdukodir Khusanov, de tan solo 22 años, a quien los expertos consideran un jugador de “élite”, sin dudas.
Su mayor virtud, como conjunto, es que Uzbekistán tiene capacidad para generar transiciones rápidas con un fútbol frontal, vertical y vertiginoso.
La República Democrática del Congo, de otro lado, puede ser la verdadera trampa del grupo. El promedio de edad es de 24.1 años. El 60% de la plantilla juega en las grandes ligas de Europa. Es decir, saben lo que es la máxima exigencia y lo confirmaron en el repechaje intercontinental, donde superaron a Jamaica por la mínima diferencia para ganar su lugar en el Mundial.
Tiene entre sus filas a Yoane Wissa, un veterano endiablado que corre como un león en el Newcastle y puede ser, tal vez, el recuerdo ingrato de un Roger Milla en Italia 90. Si le dan los metros que necesita Wissa, en especial si los centrales no son de velocidad y reacción comprobada, nos rompe en 40 metros.
Es cierto que Wissa, en la temporada 2024/25, cuando jugó con Brentford, marcó 19 goles en 35 partidos con promedio de calificación de 7.0, pero ahora con Newcastle sus números son menores. Resulta que en Brentford Wissa era el sistema, el eje, el delantero centro de un equipo construido para él. En Newcastle llegó a un rol secundario, con menos minutos y menos protagonismo. Cuando llega a la selección, vuelve a ser el hombre clave y en torno a él juegan y ganan partidos.
Otro dato no menor es que tiene a Aaron Wan-Bissaka, del West Ham, quien tuvo una temporada regular, mas no brillante. Pero su perfil tiene algo muy específico que no aparece en los números: históricamente es uno de los laterales con mayor porcentaje de duelos individuales ganados en toda la Premier League. Es un especialista en el uno contra uno defensivo y por allí el problema para Colombia es que al virtuoso de Luis Díaz le quieren tener preparado su antídoto. No es un duelo de sistemas, es un duelo de perfiles individuales.
Para un equipo como la República Democrática del Congo, que basa su juego en transiciones rápidas y velocidad en ataque, si no hay dos centrales adecuados, el sector puede ser expuesto de manera brutal, como ya nos anticiparon los franceses. Eso no se puede olvidar, ojo con eso.
Es cierto que habrá terceros que avancen con tres puntos a la siguiente fase de la prueba (una sola victoria), pero si Colombia no suma completo en alguna de sus dos primeras salidas, tendrá que reventarse contra Portugal y allí ya no hay pronósticos que valgan.
Al final hay que entender que ni Uzbekistán ni la República Democrática del Congo son resultados garantizados ni para el favorito del grupo, que es Portugal. Un Mundial es un tipo de prueba donde se juega al nivel más alto y el margen de tiempo es tan estrecho que los detalles menores se vuelven escandalosos, debiéndose jugar con mucha concentración y sin soberbia, como nos pasó en 1994, donde éramos campeones sin jugar y fuimos los primeros despachados después de enfrentar la realidad de cada partido.

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